359 julio 2026 - La
Gaceta del Taxi
¿Por qué los gobiernos impulsan la IA si saben que las Big Tech
acumulan demasiado poder?
El gran poder adquirido por las Big Tech, ha
generado cierto temor en los diferentes gobiernos del mundo, sin embargo, las principales
potencias (EE.UU y China) se posicionan con la IA, consolidando ciertos acuerdos.
¿Pero, por qué los gobiernos fortalecen a quienes más
temen? ¿Cuál sería su sentido?
La Inteligencia Artificial (IA), se considera una "tecnología de propósito
general"
que impregna a todos los sectores económicos y en la propia sociedad,
encontrándonos con su principal amenaza que radica en su
capacidad de automatización masiva, donde los riesgos
asociados son aún mayores: decisiones automatizadas sin principios éticos
claros, pérdida progresiva de privacidad, ciberataques autónomos y una
creciente dependencia tecnológica de sistemas que escapan al control de los gobiernos
y de sus ciudadanos.
Las
grandes megacorporaciones tecnológicas controlan los recursos
computacionales, los centros de datos masivos y el hardware (chips) necesarios
para entrenar la IA. Este control sobre la infraestructura les otorga la
capacidad de moldear las narrativas globales, decidir qué información priorizar
y establecer los estándares tecnológicos que rigen la sociedad. Lejos de ser neutral, es un instrumento estratégico que
concentra el control económico, cultural y militar en manos de un puñado de
gigantes tecnológicos que están redibujando el tablero geopolítico global.
El poder de las megacorporaciones dueños de la IA, ha trascendido el ámbito corporativo para convertirse en una tecnología de doble uso. Mientras muchos de los países encontrándose en una encrucijada digital, debaten sus consecuencias sociales y laborales, cediendo espacio ante las reglas de juego establecidas por las megacorporaciones extranjeras. Sin embargo, tanto EE. UU. como China, aunque sea una paradoja, potencian la IA, argumentando que se debe a una competencia geopolítica, contemplándola desde una perspectiva estratégica y militar. Han entendido que es mejor negociar con las Big Tech para alinearse a esta poderosa arma. Empresas líderes en el sector, han forjado alianzas y multimillonarios contratos con potencias mundiales para el desarrollo de software, defensa nacional y tecnología militar autónoma.
La carrera por dominar la Inteligencia Artificial se considera ya un punto de inflexión, por eso, EE.UU piensan que es mejor ser un gobierno con menos poder frente a una App nacional que un gobierno derrotado por una potencia extranjera. Es decir, prefieren un gigante tecnológico local poderoso, al que pueden intentar regular o multar según a los acuerdos llegados, que depender de un gigante extranjero al que no pueden tocar, porque ha entendido algo que es clave, quien controle la IA más avanzada no solo dominará mercados, la economía, los datos o infraestructuras, sino también la capacidad de anticipación, vigilancia y decisión en conflictos futuros, controlará poder, la economía, la defensa y la seguridad militar del futuro y la capacidad global de influencia.
En
todo este nuevo laberinto, parece ser que todo tiene que tener una lógica, ya
sea racional o irracional que fuerzan a un nuevo Orden Internacional.
Los EE.UU siempre está ojo avizor
temiendo que China se adelante en la carrera de la inteligencia artificial. Esa
preocupación es un hecho real desde el momento que DeepSeek, empresa
china de IA, desplomase las acciones de las bigtechs americanas. Mientras que China
advierte que el uso
desmedido por parte de EE. UU. (ej. uso de armas
autónomas en el ámbito militar), sería muy peligroso, porque podría derivar en
un escenario fuera de control que cuestiona la estrategia tecnológica del
gobierno americano.
Sin
embargo, ambos países buscan integrar la
IA en sus fuerzas armadas para ganar ventaja. Buscan la superioridad geopolítica y militar,
insistiendo Pekín en mantener la supervisión humana
directa sobre los sistemas armados y denuncia el riesgo para la soberanía
global.
Si un gobierno frena a sus propias empresas por miedo a perder
poder, y su rival (digamos, China frente a EE. UU., o viceversa) no lo hace, el
país que puso freno se vuelve tecnológicamente
dependiente, lo que es igual a pérdida
de soberanía. Un ejemplo más cercano, si Europa no desarrolla su propia infraestructura de IA, acabará
pagando "impuestos digitales"
perpetuos a quien sí la tenga y aceptando sus reglas morales y políticas
integradas en el software.
Ambas potencias compiten a través de sus empresas tecnológicas
nacionales para influir en los estándares globales y establecer su liderazgo en
aplicaciones que van desde consumo hasta herramientas industriales y militares.
Aunque
estos gobiernos temen perder control ante las plataformas tecnológicas, ven a la
IA como extensiones del Estado
adquiriendo una herramienta de gestión y supervisión. Tanto EE.UU como China, mantienen la idea que,
la IA no es solo tecnología, sino
más bien, una carrera espacial por la conquista de tecnologías claves, pues la potencia que tenga la ventaja sobre sus competidores,
gozará de tiempo y aplicaciones que pudieran ser cruciales para tener mayor
influencia sobre el concierto internacional. Saben que la inacción equivale a
perder soberanía nacional, algo por lo que no están dispuestos a renunciar. Estas
potencias creen que la IA como nuevo
sistema operativo del Estado, les
devolverá eficiencia, no solo
que se la quitará: prometen mejorar la recaudación de impuestos, optimizar la
red eléctrica o detectar fraudes entre otros asuntos más, generando un espejismo al creer que, si controlan la
regulación de la IA, podrán "domar"
a las plataformas. Es una apuesta arriesgada: intentan construir una jaula
legal, como la Ley de IA de la UE, mientras alimentan a la bestia para que crezca.
Por tanto,
la regla general de los países, no me resulta extraño que hayan optado por
estrechar vínculos y ceder ciertas competencias en otros ámbitos y sectores
económicos con las grandes plataformas tecnológicas. De hecho, muchos analistas
consideran que existe una especie de “pacto implícito” entre los
gobiernos y las corporaciones tecnológicas: los Estados necesitan el potencial
estratégico de la Artificial Intelligence y las plataformas necesitan marcos regulatorios
flexibles para expandirse por el mundo sin problemas.
Desde “mi opinión, una opinión más”, entiendo que sería un suicidio político a cámara lenta, aunque para los gobiernos sea una cuestión de "mal menor". No es que no vean el riesgo de perder poder ante las empresas tecnológicas (Big Tech); es que el riesgo de perder ante un país rival les da mucho más pánico. Y aquí se encuentra "el quid de la cuestión". Además, por otro lado, me parece un contrasentido que los gobiernos de los EE.UU y de China, estén apoyando todo esto por una cuestión geopolítica, a sabiendas que podrían perder poder a favor de las Plataformas digitales. Temer ante el poder adquirido por estas megacorporaciones, se ha convertido en una obsesión psicopolítica, al pensar que la principal amenaza de la IA radica en su poder de automatización a gran escala, encontrando su explicación por una competencia geopolítica extrema. Y para no perder el poder geopolítico militar del siglo XXI sobre otras potencias, han preferido aliarse con las plataformas que ostentan el dominio y el poder de la Artificial Intelligence.
La
revolución tecnológica no está transformando únicamente la economía; está
modificando el equilibrio histórico entre el poder político, el poder económico
y la soberanía de los Estados
Por
consiguiente, ¿Qué están obteniendo los gobiernos a cambio de dejar crecer a
las plataformas? ¿Se podría dar el caso que, se llegue a un
punto donde las empresas tecnológicas tengan más influencia real en la
vida de la gente que los propios gobiernos? O, ¿quizás suponga adquirir plenamente
un poder geopolítico internacional?
Posiblemente
que sean preguntas que para muchos expertos piensen que esos puntos ya han
llegado de forma silenciosa. Continuará.
Cita: La
inteligencia artificial, se ha convertido en la herramienta de poder más determinante del siglo
XXI. Manu Sánchez. Centésima segunda entrega (27 de junio del 2026) - (1268)
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