viernes, 27 de febrero de 2026

Art 354 - El largo camino de una idea

 

Núm. 354 marzo 2026 - Gaceta del Taxi

 

El largo camino de una idea….

Cómo crear una StartUp

 

La irrupción de startups en el ámbito de la movilidad urbana no es un fenómeno espontáneo, sino el resultado de un modelo empresarial diseñado para crecer con rapidez y escalar en mercados regulados. Para el colectivo del taxi, comprender su lógica financiera y estratégica resulta clave.

La palabra StartUp se refiere a su momento inicial, en el cual todavía se encuentra en busca de un modelo de negocio. Nace siendo un conjunto de ideas de sus fundadores para dar fin a un problema o necesidad del mercado mediante un producto o servicio, o creando una idea paralela a modelos existentes, pero con un añadido de innovación tecnológica mucho más sofisticado.

Para considerarse como StartUp, la clave es comprender los tres ingredientes esenciales de una startup: equipo, visión y modelo de negocio escalable, para ello, es necesario que la empresa emergente reúna una serie de características, como la estabilidad, tecnología, un enfoque global, juventud y un coste inicial reducido.  

La inmensa mayoría de todas esas ideas se concentran desde la ciudad tecnológica de Silicon Valley, que es el centro neurálgico de todos aquellos posibles proyectos tecnológicos, que desde el nacimiento de la idea tienen que atravesar un largo camino de supervivencia para ser lanzadas al mercado. Es el paraíso de las StartUps y el polo de atracción para todos esos jóvenes emprendedores que sueñan con convertir su idea de negocio en una gran empresa. Una ciudad que a su vez genera grandes expectativas ambiciosas, donde nace el huracán de destrucción creativa en transición hacia un sistema neoliberal global donde las telecomunicaciones es la base de producción y la estructura de control de un capitalismo digital emergente, tal y como lo narra Dan Schiller en Digital Capitalism: Newworking the Global Market Systemoblal. Sin embargo, tengo que decir, que no todas las ideas llegan a buen puerto, porque muchas Startups no sobreviven. El 69% de las StartUps dejan de operar porque se quedan sin recursos antes de generar ingresos significativos, y apenas, el 4% de ellas alcanzan el break-even antes de cerrar. Según datos de CBInsights, el 42% de las StartUps fallan por no cubrir la necesidad, seguido de un 29% por falta de liquidez y un 23% por no tener un equipo adecuado. Son algunas de las principales razones de su fracaso.

Todo parece confirmar la creencia de que Silicon Valley (el paraíso o feudalismo digital) es, en efecto, la tierra prometida del emprendedor. Sin embargo, y precisamente por eso, la competencia es muy dura. La realidad, es que en Silicon Valley también hay muchos emprendedores trabajando infinitas horas en su proyecto y haciendo networking sin un sueldo, intentando encontrar el inversor adecuado, porque en todo este enjambre, los inversores lo que buscan son proyectos que se inspiren en la ingeniería de software modulables y escalables con capacidad de crecer rápidamente a través de la obtención de economías de escala.

Aunque, si todo lo mencionado hasta aquí es importante, existe un elemento de igual grado como es la realización de ciertos estudios jurídicos que les den a conocer como son las normativas existentes en los diferentes países en los que pretendan irrumpir el modelo de negocio, utilizando diversas estrategias legales y vacíos normativos. En muchas ocasiones los propios inversores advierten de las inseguridades de todos aquellos países que tienen establecido legalmente restricciones regulatorias, restricciones que son perjudiciales porque enfrían ese interés de inversión.

Llegados a este punto, si tienes una idea para poder emprender en el mundo digital, te adelanto que debe ser algo más innovador que las otras Apps que ya están posicionadas en el mercado, sobre todo a escala internacional.

Las StartUps pasan por diferentes fases de financiación que van desde la obtención del capital semilla hasta grandes rondas de inversión que les permita crecer, consolidarse y alcanzar objetivos ambiciosos como salir a Bolsa.

En anteriores artículos, hice referencias de una manera muy generalista a las diferentes escalas de inversores, ahora pongo el foco en las StartUps. Los expertos comentan que, la parte más difícil de emprender una StartUp, es fundamentalmente, encontrar la financiación necesaria para poder apuntalar los primeros pasos hasta que el negocio sea solvente. Empezar una StartUp, es un momento muy emocionante y a su vez complicado para toda aquella persona o conjunto de personas emprendedoras, pues hay que tener en cuenta muchos factores que pueden jugar a favor o en contra.

El primer factor, se encuentra en los fondos iniciales, que no tienen que provenir del propietario de la empresa o de un préstamo bancario, ya que existen otros cauces y formas de aliviar parte de la tensión financiera y, aquí se puede abrir el horizonte del emprendedor pues tiene que saber o mejor conocer por dónde empezar y por supuesto a quien acudir en cada fase.  También aseguran, que lo primero que se debe tener en cuenta, es tener una idea clara de quiénes son los actores tecnológicos (los players o Big Tech) y cómo encontrarlos, pues no es lo mismo buscar el capital semilla para iniciar un proyecto, que buscar a un operador de capital riesgo que lo consolide y lo haga crecer.

Una vez identificados, hay que iniciar la aproximación en tres pasos: primero a través de la web, después participando en foros, y finalmente, viajar a la ciudad del emprendimiento tecnológico, ubicada en San Francisco (Silicon Valley). A partir de ese instante tendrás que intentar establecer un contacto personal en la búsqueda de inversión y, aquí he de decir, que debes tener un capital inicial de supervivencia, pues el coste medio mensual se estima en unos 8.000 dólares.

Es decir, en el supuesto caso, que te inclines por el desarrollo de una StartUp (pongamos como ejemplo para la movilidad urbana) pasa por distintas fases de financiación desde su creación hasta su consolidación. Hoy en día, un poco difícil de encontrar una posición en este mercado, pues las primeras StartUps de transporte y movilidad, están bastante bien situadas en el ámbito internacional, ya que, sus irrupciones y disrupción acaparan un porcentaje muy alto de la demanda a nivel internacional. Es decir, las consolidadas StartUps de los últimos diez años han sido capaces de crecer rápidamente, gracias a explotar vacíos legales, atajos y áreas grises a nivel legislativo, pudiendo de esta forma entrar en grandes mercados regulados.

Pero si crees, que en tu iniciativa aportas algo nuevo que la puede hacer diferente de las existentes para que los inversores apuesten por ti, debes de saber, que inicialmente la empresa necesita pasar por ciertas fases: primero, cuando surge la idea para convertirla en negocio y desarrollar su estructura, por tanto, las dos fuentes de ingresos principales de una StartUp al inicio de su creación, son mediante el capital exportado por sus fundadores (bootstrapping) y, (el equaty funding), que no es otra cosa que dar participaciones o acciones de la empresa a uno o varios inversores a cambio de dinero. Estos inversores pueden llegar de diferentes formas, como puede ser entre otras, la conocida 3F (Family Friends and Fools), los “Business Ángels y Fondos especiales”.  Una primera fase donde intervienen también “las aceleradoras que se encargan de poner a punto la StartUp para lanzarla al mercado interior, dando paso a la segunda fase donde se busca la obtención del capital semilla (fase seed) inversiones entre 1 y 5 millones de euros, que se destina al crecimiento, contratación de talento y generación de ingresos. Cuando la StartUp entra en la fase semilla ya tiene en su haber el producto terminado y un modelo de negocio definido y puesto en marcha en el mercado donde entran en juego el grueso de inversión de los “Business Ángels”, los Big Sur Ventures o, Cabiedes & Partners, así como préstamos participativos e instrumentos públicos.

Tras obtener el capital semilla, la StartUp se enfrenta al valle de la muerteo “valle del silencio”, que es un periodo de pérdidas antes de alcanzar el punto de equilibrio (break even), sin embargo, se sigue contando con la participación de las aceleradoras y los fondos especializados, y además entran en juego el grueso de los Business Ángels, que se involucran en el proyecto cuando empiezan a ver las primeras ventas repetitivas.

Superada la salida al mercado y con las primeras ventas de producto llevadas a cabo, “la StartUp” entra en su etapa de crecimiento, con el objetivo de optimizar operaciones y escalar ventas. Para ello, es necesaria la inyección de capital y nuevas inversiones. A partir de este momento, entran en juego “los fondos de capital riesgo emprendedor o venture capital”. Rondas de inversiones cerradas que se categorizan como Serie A (<1M€) destinada al crecimiento, contratación de talento y generación de ingresos, con inversiones entre 1 y 5 millones de euros. La Serie B (<3M€) que busca una inyección de capital mayor (5-20 millones de euros) para consolidar la empresa y expandir el negocio. La Serie C (<16M€) o Serie D (<20M€), según la cuantía, se destina a adquisiciones, desarrollo de nuevos productos y preparativos para una posible salida a Bolsa, con inversiones entre 20 y 250 millones de euros

En resumen, un emprendedor necesita de apoyo constante para ir alcanzando alturas de miras en el negocio tecnológico, siendo muy frecuente, que a medida que crece una StartUp respaldada por un Fondo de capital riesgo, la participación mayoritaria de su fundador se irá diluyendo por el creciente número de inversores. La visión de futuro que tenga su fundador también puede disminuir, si los miembros del Consejo de Administración no están de acuerdo, incluso pudiera llegar a su sustitución.

Para el sector del taxi, la lección es clara: detrás de cada StartUp hay una arquitectura financiera compleja, una estrategia jurídica definida y una presión constante por escalar. Analizar estos elementos nos permite entender mejor la competencia digital y por supuesto, anticiparnos a todos sus movimientos en un mercado, donde la regulación del sector como servicio de interés público, dada la naturaleza de nuestra actividad, que nos obliga a garantizar un servicio de calidad para todos los usuarios, no discriminatorio y con una cobertura de prestación suficiente en todo el territorio. a mi entender, sigue siendo un factor determinante de supervivencia para defender y proteger nuestra posición. Continuará….

Cita: Los hombres libres tienen ideas, los sumisos tienen ideologías. Teócrito. Nonagésima octava entrega 27 de febrero de 2026. (1715).

 

viernes, 30 de enero de 2026

Derechos y obligaciones del profesional

 

CIRCULAR-01/2026

Derechos y obligaciones del profesional ante el transporte de equipaje, seguridad vial, normativa y límites legales en el servicio de autotaxi

El transporte de pasajeros con su equipaje, forma parte del día a día del sector del taxi, especialmente, en entornos de alta demanda como los aeropuertos, estaciones de tren y autobuses. Sin embargo, esta realidad plantea situaciones complejas que nos obligan a los profesionales a encontrar un equilibrio entre la prestación del servicio, la seguridad vial y el cumplimiento estricto de la normativa vigente.

Con frecuencia, los taxistas nos enfrentamos a cargas que exceden claramente lo razonable, tanto por peso como por volumen, llegando en algunos casos a auténticas “mudanzas”, o al intento de transportar objetos que, por sus dimensiones o características, no son aptos para un autotaxi: esquís, tablas de surf, bicicletas u otros bultos voluminosos.

Nuestra obligación de prestar servicio, no es absoluta, está condicionada, entre otros factores, por la seguridad del vehículo, de los ocupantes y del resto de usuarios de la vía pública. La normativa de tráfico es clara al respecto y no deja margen a interpretaciones subjetivas. La Dirección General de Tráfico advierte de los riesgos que supone circular con sobrepeso, o con una carga cuyo volumen exceda los límites autorizados, remitiéndose al Reglamento General de Circulación art 14, que establece, “la carga debe ir correctamente sujeta, no superar la masa máxima autorizada y no comprometer la estabilidad del vehículo ni la visibilidad del conductor”.

Circular con exceso de carga no solo incrementa el riesgo de accidente, sino que afecta directamente al comportamiento del vehículo: aumenta la distancia de frenado (el conocido “efecto elefante”, acelera el desgaste de frenos, neumáticos y suspensión, y eleva el consumo de combustible. Además, los objetos sueltos o mal colocados multiplican su peso en caso de frenazo brusco; un bulto ligero puede convertirse en un proyectil extremadamente peligroso.

Otro aspecto fundamental es la visibilidad y el control del vehículo. El equipaje nunca debe sobrepasar el marco inferior de las ventanillas traseras, ni impedir la visión a través del espejo retrovisor central. La bandeja o trampilla trasera, fija o deslizable, tiene precisamente la función de evitar que la carga invada el habitáculo. El propio Reglamento General de Circulación, recoge que el conductor está obligado a mantener su libertad de movimientos, un campo de visión adecuado y una atención permanente a la conducción, garantizando así su seguridad y la de los demás.

En el ámbito concreto en la prestación del servicio en autotaxi, la normativa concreta es la Ordenanza Reguladora del Servicio Público del Taxi, en su art 40-c, establece que, “los conductores no podrán negarse a prestar servicio salvo en determinados supuestos. Entre ellos, “cuando los bultos o equipajes, por su naturaleza o carácter, puedan deteriorar o causar daños en el interior del vehículo, no quepan en el maletero o supongan una infracción de las disposiciones legales en vigor”.

Este punto resulta clave, ya que ampara legalmente la negativa del profesional cuando el equipaje no puede transportarse de forma segura o conforme a la normativa legal, evitando así sanciones que pueden alcanzar los 500 euros por exceso de peso o por pérdida de visibilidad a través de la luneta trasera, en el supuesto caso de ser requerido por los agentes de policía ante cualquier inspección o control que realicen en las vías urbanas e interurbanas.

Por consiguiente, muchas de las tensiones que se producen en zonas de alta demanda, como los aeropuertos, estaciones de tren y autobuses, tienen su origen en el desconocimiento de estas normas por parte de terceros. Por ello, resulta fundamental una correcta coordinación entre los distintos actores implicados y una adecuada información al pasajero.

Determinar de forma ágil, si el equipaje requiere un vehículo con mayor capacidad de maletero indicando a los pasajeros que existe un Stand de atención del servicio de taxi en el interior del hall del aeropuerto puerta 12 donde pueden solicitar un vehículo de mayor capacidad, o en su defecto, explicar la necesidad de utilizar dos taxis, evita conflictos, discusiones innecesarias y situaciones incómodas delante del cliente.

Conclusión

El taxi es un servicio público esencial, pero su ejercicio debe realizarse siempre dentro del marco legal y con la seguridad como prioridad absoluta. Conocer y respetar los límites en el transporte de equipaje no solo protege al profesional frente a cualquier incidente en su desplazamiento y/o sanciones, sino que contribuye a una imagen más sólida, responsable y profesional del sector.

La colaboración de los taxistas con el personal de la empresa concesionaria, encargados de ir indicando a los pasajeros y sus correspondientes equipajes en las unidades de autotaxi que les corresponde, pasa por el entendimiento y la correcta aplicación de la normativa que son las mejores herramientas para garantizar un servicio de calidad, seguro y acorde a la realidad del transporte actual.  

Manu Sánchez





Art 353 - Las Apps disruptivas desafían las normas de los mercados

 

Núm. 353 febrero 2026 - Gaceta del Taxi

  

Las Apps disruptivas desafían las normas del mercado

 

La tecnología digital aceleró de forma decisiva en apenas una década, conceptos como StartUps, economía digital o innovación disruptiva, fueron normalizándose en el discurso económico y político, presentándose como el motor del progreso y la modernización de los mercados. Bajo ese relato, las plataformas tecnológicas han ido ocupando un lugar central, prometiendo eficiencia, innovación y nuevas oportunidades. En este proceso, las StartUps —empresas jóvenes con modelos de negocio innovadores-- respaldadas por capital inversor, se convirtieron rápidamente en el epicentro de este nuevo paradigma, surgiendo como agentes clave en todo este entramado.

A diferencia del formato tradicional en la creación de una empresa que se centran en la sostenibilidad y rentabilidad a largo plazo, operando en mercados existentes con un crecimiento más lineal y conservador, al contrario, las StartUp son empresas que juegan con ventaja, buscan ideas revolucionarias que cambien el mundo y para ello, planifican su objetivo, midiendo la velocidad irruptora en el mercado al que quieren atacar, buscando a través de la innovación estratégica un crecimiento exponencial mediante la disrupción (modelo escalable y repetible), financiándose con capital riesgo para escalar rápido.

Es decir, fueron las receptoras del cambio; prometían transformar industrias enteras mediante el uso intensivo de la tecnología, encajando metodologías ágiles de innovación disruptiva. Sin embargo, la principal fuente en su aplicación sería la búsqueda de financiación, sobre todo, para introducir nuevos modelos de negocio con un elevado potencial de escalabilidad global. Tras ese discurso, se escondía una profunda transformación disruptiva que afectaría a las reglas del mercado, donde las StartUps no sólo introducirían innovación, sino que redefinirían hacia un cambio en los derechos, responsabilidades y equilibrios sociales. Las aplicaciones digitales disruptivas han desafiado —y en muchos casos erosionado— los marcos regulatorios existentes, especialmente en sectores tradicionales como el transporte urbano (sector del taxi).

Conviene diferenciar entre aquellas StartUps que apuestan por una innovación incremental, mejorando productos o servicios ya existentes, y las verdaderamente disruptivas, que introducen modelos de negocio completamente nuevos sin regulación específica, alterando las reglas del mercado. Podemos poner ejemplos, de ciertas StartUps, que transformaron sectores altamente regulados. Sin irnos muy lejos, —el transporte o el alojamiento—, generando fuertes desequilibrios competitivos y consolidando estructuras de carácter claramente oligopolístico, que son mercados de competencia imperfecta, lo que permite a los participantes influir en los precios y maximizar beneficios a un medio y largo plazo. 

Una vez producida su irrupción, estas plataformas lograron algo más profundo: convencieron al tejido empresarial tradicional que, la adopción tecnológica no era opcional, sino imprescindible para sobrevivir. La relación entre tecnología y emprendimiento pasó a ser un eje central del nuevo modelo económico. No obstante, este proceso no estuvo exento de controversia. Muchas de las grandes StartUps disruptivas de los últimos quince años crecieron explotando vacíos legales, atajos normativos y zonas grises regulatorias, lo que les permitió penetrar rápidamente en mercados regulados como el hotelero, el financiero, o en el de la movilidad urbana que afecta al sector del taxi, rompiendo los patrones tradicionales de movilidad y prestación de servicios.

El propio término StartUp, (empresa emergente) de origen anglosajón (Start y Up), hace referencia a la idea de “poner en marcha”, o “arrancar hacia arriba”. Su rápida incorporación al lenguaje cotidiano, refleja hasta qué punto la digitalización ha transformado nuestra percepción de la economía, el trabajo y la creación de empresas. Estas plataformas se autodefinen como tecnologías innovadoras de fácil penetración en los mercados, capaces no solo de irrumpir en ellos, sino de desestabilizarlos mediante procesos intensivos de digitalización y tecnificación.

La cultura de las StartUps, tal y como la conocemos hoy, fue ganando impulso durante la burbuja puntocom de finales de los años noventa. En esta época surgió una nueva generación de emprendedores impulsada por un nuevo conjunto de valores e ideales. En lugar de tratar de encajar en las estructuras tradicionales de negocios existentes, estos emprendedores buscaban desafiarla. Abrazaron el riesgo y la disrupción, buscando crear algo completamente nuevo. Tal como lo explica el diario La Razón

Esta lógica es desarrollada por Mike Maples Jr. y Peter Ziebelman, de la Universidad de Stanford, en su obra Pattern Breakers, donde sostienen que los grandes avances no provienen de mejorar lo existente, sino de romper los patrones dominantes y sustituirlos por algo completamente nuevo. Según estos autores, las StartUps más exitosas no solo desafían las normas del mercado, sino que identifican momentos críticos que permiten modificar radicalmente el comportamiento de los consumidores y la estructura de los sectores.

En este punto resulta clave distinguir entre StartUp que apuestan por la innovación tecnológica y de aquellas que apuestan por la innovación estratégica. La primera se centra en la creación de nuevas tecnologías para desarrollar productos, servicios, o procesos que no existían, como ocurrió con el iPhone y su ecosistema de aplicaciones. La segunda, en cambio, altera la forma de competir en el mercado mediante nuevos modelos de negocio, redefiniendo quién puede ofrecer esos servicios y en qué condiciones, eludiendo inicialmente las normativas legales existentes.

La capacidad de crecer y expandirse rápidamente de las StartUps disruptivas (gigantes tecnológicos) en el mercado del transporte, es gracias a los vacíos legales, apertura que les ha facilitado no encontrar resistencia a las regulaciones, posibilitándoles operar inicialmente en muchas ciudades sin cumplirlas, al no estar definido, por un lado, la falta de norma específica para plataformas digitales y, de cómo se debía regular las aplicaciones que irrumpían en el mercado de transporte y menos en el laboral (legislación de trabajo), pues clasificaban a los conductores como contratistas independientes, es decir, como freelance de forma encubierta, en lugar de como empleado, así, estás evitaban pagar beneficios laborales, salarios mínimos y otros costes asociados con la contratación directa. Entonces, esto les ha permitido establecerse rápidamente antes de que los legisladores y reguladores pudieran racional evidentemente todos estos vacíos legales que, traducido en tiempo, les permitía escalar rápidamente y ganar una ventaja competitiva frente a sectores tradicionales, antes de que muchas ciudades implementasen regulaciones específicas para este tipo de servicios. Al final este modelo de negocio, no es otro, que la creación de monopolios de facto, surgidos sin concesión administrativa ni acuerdos formales entre oferentes y, tolerados por la inacción regulatoria. Un fenómeno que plantea serios ataques sobre la sostenibilidad económica, social y democrática de los países y sus mercados

La disrupción tecnológica no es neutral ni inevitable; es una elección política y económica. Haber permitido que las plataformas digitales crecieran al margen de la regulación, amparadas en vacíos legales, o en su defecto, por texto farragosos difíciles de interpretar, proyectando sobre los políticos la fascinación por la innovación, ha generado mercados más concentrados, relaciones laborales más precarias y una pérdida progresiva de control público sobre servicios esenciales. El desafío ya no es tecnológico, sino democrático: decidir si la digitalización debe servir al interés general o consolidar nuevos oligopolios privados. Recuperar la soberanía regulatoria y garantizar una competencia justa será clave para que la innovación no siga avanzando a costa de derechos sociales y sostenibilidad del propio Estado de bienestar. Continuará…

 

Cita: Que importante es saber escuchar. No para responder sino para entender. (Farid Dieck) Nonagésima séptima entrega 30 de enero de 2026. (1163)

 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Art 352 - El Poder de las grandes potencias X

 

Núm. 352 enero 2026 - Gaceta del Taxi

 

EL PODER DE LAS GRANDES POTENCIAS DEL MUNDO X

 

Algunos de vosotros podríais pensar que estoy en contra de la tecnología, que desconfío de ella o que preferiría un mundo más lento, analógico y desconectado. Nada más lejos de la realidad. “Mi opinión una opinión más, es muy clara, apoyo el progreso tecnológico, excepto cuando se utiliza como herramienta para destruir sectores tradicionales. Entiendo que, si la tecnología está para quedarse, -como nos han ido inculcando-, también entiendo que debería ser una herramienta útil para ayudar en esos avances a las actividades profesionales (sector del taxi). Es decir, la tecnología, bien entendida y bien utilizada, ha sido una de las mayores palancas de progreso de nuestra historia reciente. Nos ha permitido comunicarnos mejor, aprender más rápido y acceder a oportunidades que antes estaban reservadas a unos pocos.

Sin embargo, hemos atravesado momentos especialmente muy duros, donde determinadas plataformas digitales, esas que se autodenominan disruptivas, amparadas en discursos engañosos y estrategias deliberadamente manipuladoras, atacaron nuestra actividad con el único objetivo de dominar el ámbito de la movilidad con nuevos modos de transporte. Por este motivo, no puedo, ni debo hablar bien de estas aplicaciones “disruptivas”, porque conocemos perfectamente el camino que siguieron y las prácticas que emplearon para alcanzar sus fines.

En artículos anteriores, señalé cómo la nueva economía digital había generado un inmenso ecosistema formado por inversores globales — fondos de alto riesgo, consultoras, venture capital, private equity y entidades asesoras — alimentando a ciertas StartUp en la búsqueda de irrumpir en sectores tradicionales regulados a los que poder introducir la disrupción para provocar una competencia desleal abrasiva contra nuestro sector.

Estos actores, que se autoproclaman motores de innovación, han construido en realidad un modelo que desborda los marcos democráticos tradicionales: un capitalismo digital sin fronteras que altera los cimientos de sectores enteros, desestabiliza la competencia y erosiona derechos laborales y sociales conquistados durante décadas. No respetan las normas legalmente establecidas porque este nuevo sistema ya impone sus normas. Es decir, modelan mercados enteros a su antojo y condicionan decisiones políticas que terminan erosionando derechos sociales desmantelando progresivamente, los pilares de los servicios del Estado del Bienestar.

La digitalización prometía progreso, eficiencia y nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad es que ha servido como excusa para abrir mercados públicos —movilidad, vivienda, comunicación, transporte, energía—, a corporaciones cuyo único objetivo es la acumulación acelerada de riqueza. La “disrupción” no ha sido tecnológica: ha sido político-económica. Por tanto, esta parte de la innovación tecnología no construyen futuro: especulan con él.

En apenas veinticinco años, hemos pasado de un mundo analógico a una hiperconectividad total: Internet, banda ancha, ordenadores portátiles, smartphones, 5G, IoT, IA, realidad virtual, administración electrónica… Este avance, incuestionable desde el punto de vista científico, ha generado un nuevo poder global: la capacidad de recolectar, almacenar, monetizar y manipular datos a escala masiva que están fuera del alcance de las políticas económicas de cualquier Estado. Este progreso a construido un nuevo campo de batalla económico en el que los oligopolios digitales dominan datos, mercados, y decisiones sociales mediante plataformas globales (StartUp), ya no son empresas tecnológicas, son infraestructuras de poder privado que entran a formar parte en la movilidad, la vivienda, la comunicación digital, la logística, la publicidad, la IA, las relaciones sociales y, cada vez más, los servicios públicos externalizados. Su objetivo no es competir, sino convertirse en indispensables. Y cuando un actor privado controla un servicio esencial, el poder democrático retrocede cediéndoles el espacio.

En todo este entramado, las plataformas digitales (StartUp) han sustituido a los tradicionales estudios de mercado por algoritmos que predicen comportamientos; han desplazado industrias enteras mediante modelos de negocio que no dependen de la eficiencia productiva sino del control del flujo de información. El valor ya no está en los servicios, sino en la posición dominante. Las plataformas dejaron atrás los estudios clásicos de mercado: ahora manejan millones de datos en tiempo real, anticipan comportamientos y controlan, desde sus algoritmos, la relación entre usuarios, precios y servicios. Y luego dicen: analistas, jurídicos, cronistas del mundo periodístico ¿qué el sector del taxi tiene que competir, contra este poder?

Todas estas plataformas disruptivas (StartUp) que se dedican a la centralización de la movilidad (aplicaciones por todos conocidas) no solo se presentaron como innovación, sino que detrás de su careta simbolizan la colonización de sectores públicos a través del capital financiero bajo la apariencia de “modernización” o “movilidad inteligente”. Estas plataformas no solo intermedian, por mucho que quieran situarse al amparo de la Ley de los Servicios de la Información, sino que actúan como verdaderas empresas operadoras del transporte, sin asumir obligaciones, fijando precios al margen de los costes reales, imponiendo actividad mínima a sus empresas aliadas, forzando al sistema legislativo en eliminar restricciones para poder expandir flotas sin límites en la búsqueda de una economía de escala que rentabilice el capital de los inversores y por supuesto aumente aún más su poder digital, y por último juegan con su mejor baza que consiste en operar desde matrices situadas en paraísos fiscales para que supuestamente puedan eludir cualquier responsabilidad fiscal o laboral. Por tanto, no compiten: colonizan mercados.

Las plataformas digitales han entendido mejor que nadie una cosa: hoy el poder no se ejerce desde los parlamentos, sino desde el lobby. Mientras los legisladores trabajan con ritmos del siglo XX, estas empresas operan con la velocidad del siglo XXI. Su estrategia es clara: 1) presionan a gobiernos para introducir su definición interesada de “economía colaborativa”; 2) financian estudios académicos y consultoras para legitimar su modelo de negocio; 3) capturan reguladores mediante técnicas de door opening y puertas giratorias; 4) moldean el debate público mediante campañas millonarias y, 5) amenazan con desinversión cuando una norma les incomoda. El resultado es la subordinación progresiva del legislador a las necesidades de los inversores. El ciudadano deja de ser sujeto de derechos y pasa a ser un mero “usuario”.

Europa, intenta ahora compensar su demora generando un tsunami normativo, a través de reglamentos y directivas, empezando desde el RGPD (Reglamento General de Protección de Datos) que es una norma fundamental de privacidad en toda la UE;  la LOPDGDD (Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales) Ley española que desarrolla el RGPD y establece derechos digitales específicos (intimidad, olvido, neutralidad de Internet); también desarrollaron la LSSI-CE (Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico) que regula el comercio electrónico y los servicios digitales; junto con la Ley de Servicios Digitales (DSA) y Ley de Mercados Digitales (DMA) (UE) Normas recientes que regulan plataformas, intermediarios y grandes tecnológicas; sin olvidarme del Reglamento de Inteligencia Artificial (IA) (UE) primera legislación integral sobre IA, clasificando sistemas por riesgo, finalizando por el momento, con las Leyes de Ciberseguridad, como la Directiva NIS europea y transposiciones nacionales (Real Decreto-ley 12/2018 en España) para la seguridad de redes. Todo un amplio arsenal de regulaciones donde Europa presume de “mejora regulatoria” pero la realidad es otra: que, lejos de construir soberanía digital, ha generado un laberinto burocrático que dificulta la innovación europea mientras deja intacto el poder de los gigantes tecnológicos, con normas extensas, técnicamente complejas, difíciles de entender incluso para expertos.

Así, lo detallan varios indicadores que miden aspectos de la gobernanza y la calidad regulatoria, como los Indicadores Mundiales de Gobernanza (WGI) del Banco Mundial (que incluyen "Calidad Regulatoria"), el European Quality of Government Index (EQI) (enfocado en servicios públicos y corrupción) y el Índice de Complejidad Regulatoria (que analiza la dificultad de las normas).El periódico libertad digital remarca el índice europeo de calidad regulatoria de Epicenter: de cuya conclusión se extrae que, son normativas cada vez más extensas, farragosas, muy técnicas, opacas e incapaces de abordar los problemas reales.

Europa presume de “Better Regulation”, pero aprueba leyes que casi nadie entiende —y que las grandes tecnológicas sortean con facilidad mediante departamentos legales que un autónomo o una PYME jamás podría pagar—. El mercado queda liberalizado; el legislador, paralizado”. El resultado es una hiperregulación caótica que no ha impedido que las plataformas pierdan un terreno que no es de su propiedad. Más normas no significan más control, y el taxi lo sabe, donde a la fuerza asume una competencia desleal legitimada por el propio marco institucional. Visto este panorama en la esfera internacional, la UE. intenta recuperar protagonismo tecnológico, pero lo hace desde una inferioridad estructural frente a gigantes estadounidenses y asiáticos, porque mientras regula sin rumbo, escribiendo páginas y páginas de leyes, las plataformas avanzan con rapidez empresarial y músculo financiero. Los EE.UU. domina las plataformas, China la infraestructura tecnológica y los inversores globales controlan sectores estratégicos europeos. El viejo continente ya no fija las reglas: tan solo las interpreta. El taxi, es un termómetro de este fenómeno: si Europa no es capaz de proteger un sector esencial, como servicio público o actualmente de interés público general ¿cómo va a proteger su soberanía digital?

Bajo mi punto de vista, las instituciones -europeos y nacionales- han reaccionado tarde, ya que observan —cuando no facilitan— el proceso mediante normativas ambiguas, confusas, vacíos regulatorios y una incapacidad crónica para anticipar los efectos de las exigentes desregulaciones. Y ahora, cuando el mercado ya está desequilibrado, fingen escandalizarse. Demasiado tarde. Pienso que estos procesos legislativos tan farragosos favorecen, en la práctica, a quienes cuentan con despachos jurídicos millonarios y ejércitos de lobistas.

La conclusión a la que llego es clara: La competencia desleal disruptiva, la hemos sufrido económica y psicológicamente en primera línea durante más de una década. Hechos que alguno día tendrá que tener su resarcimiento del daño sufrido, reconocido por vía judicial como sistema garantista de protección de actividades vulnerables, porque la batalla es política, no tecnológica. La economía digital ha forzado ciertas transferencias de poder: del Estado a las plataformas, del ciudadano al algoritmo, de los sectores regulados a los inversores globales. Europa está a tiempo de reaccionar, pero no mediante más normativas opacas, sino mediante una política económica y digital valiente, que recupere el control público frente a gigantes privados. Porque si no se actúa, el futuro lo escribirán fondos de inversión que no votan, no rinden cuentas y no tienen mayor interés que convertir cada aspecto de la vida en un producto financiero. Y, cuando eso ocurre, la democracia deja de ser un sistema político y se convierte en un mercadeo, donde me reservo añadir, algún que otro adjetivo. Continuará… Feliz año 2026

Cita: Quizá el verdadero avance no consista en tener más dispositivos, más aplicaciones o más velocidad, sino en desarrollar una relación más consciente con la tecnología. Una en la que vuelva a estar al servicio de las personas y no al revés.  Manu Sánchez. (1775)