martes, 22 de septiembre de 2026

Art 362 - Entre innovación y poder, ahora se mezcla el dilema de la regulación digital.

 

Núm. 362 0ctubre 2026 - La Gaceta del Taxi

 

  Entre innovación y poder, ahora se mezcla el dilema de la regulación digital.

Después de todo este vaivén tecnológico que ha estallado en todo el mundo, las potencias mundiales intentan frenar el poder “sin límite” de las grandes tecnológicas.

El rápido avance de modelos de lenguaje y sistemas automatizados, ha generado una profunda preocupación sobre la soberanía cognitiva, la profesionalidad de las actividades económicas y, el desplazamiento laboral, discutiéndose, si esta tecnología beneficia a la humanidad o sirve para profundizar las desigualdades sociales. El equilibrio de poder es tan delicado que existen tensiones constantes entre los gobiernos que ahora buscan regular la tecnología y las empresas que la desarrollan y la monetizan. Pero hasta qué punto puede tener valor ciertos acuerdos o sus complicadas alianzas.

Los gobiernos muestran preocupación y, en muchos casos, han generado un pulso constante entre la regulación estatal y el control algorítmico de las grandes tecnológicas. Cuando se quisieron dar cuenta, los líderes políticos empezaron a mantener pulsos públicos con los dueños de las plataformas ante la percepción de que estas infraestructuras privadas amenacen el orden político establecido. Esta percepción de temor ha ocasionado cierta reacción que se traslada a implantar leyes para forzar a las plataformas a moderar contenidos y cumplir con la normativa existente o de la que se oferta para conseguir tal fin. Las normas intentan frenar la opacidad del código fuente, proteger los derechos fundamentales y garantizar la transparencia administrativa.

En el circulo administrativo, las instituciones -europeas y nacionales- han reaccionado tarde y mal con normativas ambiguas y procesos legislativos tan farragosos que favorecen en la práctica, a las megacorporaciones que cuentan con despachos jurídicos millonarios y ejércitos de lobistas. Estas megacorporaciones invierten mucho en influencia institucional, asesoramiento jurídico para condicionar cómo debe de legislar los gobiernos ya que regularlas demasiado, era tocar un modelo económico nuevo que aún no está del todo definido.

Por ello, tras una década, actualmente los gobiernos se lamentan de porque se les ha ido de las manos, ahora emprenden ciertas acciones ante este extractivo poder, a través de acuerdos o, alianzas  y, aquellos países menos favorecidos, se sitúan en  el gran reto  al crear normas que impidan que estos gigantes sigan abusando de su posición. Los gobiernos para no perder soberanía, intentan hacer regulaciones más estrictas que evite la violación de las normas antimonopolio, que impidan ventas a pérdida para eliminar potenciales competidores o utilicen de manera ilegitima los datos de clientes y usuarios y, en materia de movilidad urbana potenciar medidas ante preocupaciones sobre seguridad, congestión y uso del espacio público. Por eso, estamos viendo una “guerra regulatoria” que evite un traspaso de poder, incorporando multas multimillonarias, evitando intentos de fragmentar las empresas, e incorporando la creación de monedas digitales estatales para no perder el control del dinero frente a las criptomonedas o sistemas de pago de las Big Tech.

En acciones a nivel mundial, los países están implementando leyes para mantener datos sensibles dentro de sus fronteras (“soberanía digital”). Estas regulaciones también afectan a los desarrolladores nacionales, que son los responsables de los contenidos generados por la IA. Deben pasar auditorías de seguridad cuyo contenido no subviertan el poder de los Estados, derroquen el sistema democrático, inciten a la secesión ni socaven la unidad nacional. Los Estados buscan fomentar su propia IA para no depender de terceros, con estrategias como la España Digital 2026.

En el caso de la UE, las acciones llevadas a cabo, se basa en la puesta en marcha de la ley de IA (AI Act) oficialmente, como el Reglamento (UE) 2024/1689, pionera en limitar sistemas de alto riesgo. Es el primer marcó legal integral sobre IA a nivel mundial y constituye un hito en la forma de abordar esta tecnología, cuyo objetivo fundamental es la ética, transparencia y seguridad.

Aunque desde Bruselas, el Parlamento europeo merece un "verdadero reconocimiento" por ser la primera jurisdicción del mundo en aprobar una normativa que mitiga los numerosos riesgos de la IA, la regulación final presenta varios problemas. Europa experta en normas regulatorias responde con una avalancha normativa (toda una serie de medidas) que puso en marcha con la Ley de Servicios Digitales (DSA)la Ley de Mercados Digitales (DMA) y, la recién nacidas Ley de Inteligencia Artificial (IA), que son las tres grandes leyes europeas, “garantizandoque los sistemas comercializados en el mercado europeo y utilizados en la UE sean seguros, estableciendo igualdad de condiciones para las empresas y, que se respete los derechos fundamentales de los usuarios y los valores de la UE.

La ley de la IA vigente desde agosto 2024 y de plena aplicación en 2026, crea un marco de cumplimiento por parte de las BIg Tech, clasificando a su vez, según el riesgo, en inaceptable, alto, limitado y mínimo. Dícese por Riesgo Inaceptable (Prohibidos): aquellos sistemas que manipulan comportamientos humanos, técnicas subliminales, puntuación social (social scoring) o identificación biométrica remota en espacios públicos. En Alto Riesgo: sobre aquellos sistemas utilizados en infraestructuras críticas, educación, empleo, servicios públicos o justicia. Requieren evaluaciones de conformidad, gestión de riesgos y transparencia antes de salir al mercado y, por Riesgo Limitado/Mínimo: a las obligaciones de transparencia (notificar que se interactúa con una IA) o cumplimiento voluntario.

Sin embargo, esta Ley tiene varias puertas de salida, porque la Comisión Europea presentó ese código definitivo que dejaba en manos de las empresas acatar o no, dicha norma. Esa puerta abierta que ofrece la IA, a los gigantes tecnológicos, invita que se desmarquen del código de conducta.

Un código de conducta que puede generar incertidumbres legales para los modelos de inteligencia artificial y también poner algunas restricciones, por ejemplo: este código de conducta pide que las empresas actualicen continuamente la documentación cada vez que aparecen servicios o herramientas nuevas en estos modelos de inteligencia artificial y también incluye que no utilicen contenido pirata en el proceso de aprendizaje de los modelos de inteligencia artificial.

A pesar de los intentos de regulación, muchas megacorporaciones tecnológicas han mostrado resistencia a cumplir con los códigos de conducta voluntarios, como ha sucedido con las normas de la UE, en julio de 2000 y en julio de 2025. Algunos CEO de estas grandes corporaciones aprovechan su posición internacional expresando que les da igual lo que diga las leyes en los mercados,si consiguen cambiar las leyes, bien y sino, van actuar como si no existieran.

El consorcio tecnológico estadounidense META anunció que no firmaría el código de conducta sobre inteligencia artificial elaborado por la Unión Europea porque es muy complicado regular la IA. El responsable de asuntos globales de META declaró que la normativa europea es una exageración y que inhibe el crecimiento. Meta a la cual pertenecen Instagram, Facebook y WhatsApp, no es la única empresa que ha rechazado la norma europea, también se negaron, Alphabet y Microsoft.

Al final estamos en un nuevo capítulo de esta especie de choque de filosofías. Por un lado, la filosofía estadounidense que está más a favor de dejar a las empresas a que operen con mayor libertad sin apenas cortapisas y, luego la filosofía de las autoridades europeas en Bruselas un poco más cauta y que buscan el bien común y la regulación, pero que ninguna de estas normas, parece ser que aborda el problema central cuyo resultado es un continente regulado en exceso y, protegido en defecto.

En esta línea se expresa Max von Thun, director para Europa del Open Markets Institute, afirmando que hay importantes “lagunas jurídicas" y una “regulación relativamente débil” de los modelos de base más grandes que plantean los mayores daños. La Ley de Inteligencia Artificial es incapaz de abordar la principal amenaza que plantea actualmente: su papel en el aumento y afianzamiento del poder extremo que unas pocas empresas tecnológicas dominantes ya tienen en nuestras vidas personales, nuestras economías y nuestras democracias. El Poder político, –con cierto temor-, reconoce que endurecer las normas, implicaría un coste político inmediato, generaría un conflicto económico o mediático, así como el rechazo social de los usuarios. Por ello, están intentando “casarsecon estas plataformas disruptivas para asegurar sus propios intereses (compras públicas, infraestructuras), al tiempo que buscan desarrollar soberanía tecnológica. La búsqueda de una integración forzosa los lleva a la tendencia de no prohibir, sino consolidar.

En la búsqueda de ese equilibrio inestable se mueve hoy la política pública, intentando   aprovechar la innovación sin ceder soberanía, aunque cada paso en esa dirección implique inevitablemente, compartir poder con actores privados.  Así, el verdadero desafío para los legisladores no es únicamente regular estas plataformas, sino hacerlo sin quedar subordinados a ellas. Porque en juego no está solo el futuro de la sociedad, sino la capacidad de las instituciones públicas para seguir definiendo las reglas del sistema en beneficio del conjunto de la ciudadanía.

Como ciudadano europeo y ante la vista de todo este proceso, siempre será nuestro deber, seguir defendiendo y exigiendo a los poderes políticos,  que se mantengan los valores democráticos de una sociedad en continuo progreso y preservar o fortalecer los servicios públicos como grandes garantes de una sociedad civil adelantada a los tiempos, solicitando que se desarrollen  unas reglas claras y transparentes en la normativa en cuanto al consumo lucrativo se refiere y para el uso al que se destina, así como tipificar las infracciones que conlleven a su sanción, evitando dejar puertas abiertas protegiendo los ataques que están realizando las plataformas extractivas para cambiar dichas prácticas sociales, profesionales, laborales y políticas, tal y como ha ocurrido en el ámbito de la movilidad urbana que ha afectado al servicio del taxi.

¿Estamos ante un cambio de poder, de lo público a lo digital, de lo nacional a lo global y de la regulación a la negociación? Si regulas demasiado, frenas innovación. Si regulas poco, pierdes capacidad de control. Por eso los gobiernos hacen algo muy característico: regulan mal, tarde y de forma parcial. Un verdadero desastre. Es mi opinión una opinión más.

Cita: Cuando el poder público deja de marcar las reglas, el mercado no se autorregula: se impone, porque cuando la política cede, el algoritmo gobierna. Manu Sánchez. Centésima quinta entrega (27 de septiembre del 2026) – (1699)

 

martes, 18 de agosto de 2026

Art 361 - Los gobiernos aliados con la IA

 

361 septiembre 2026 - La Gaceta del Taxi

 

Los gobiernos aliados con la IA

 

Cuando el ecosistema de la IA está todavía empezando a definirse, y el verdadero liderazgo se mide en la capacidad de cada modelo para generar un mayor nivel de adopción, las políticas anunciadas por Washington y Pekín sientan las bases para un entorno de rivalidad en IA que propiciará un cambio geopolítico global.

Aunque, Estados Unidos y China son los líderes indiscutibles en términos de inversión masiva y desarrollo de modelos de frontera, en toda esta trama de poder,  no están solos. Otros países y bloques están apostando fuertemente por la IA, aunque con enfoques muy distintos: ¿pactos, alianzas, cesiones o, fuertes inversiones?. La cuestión es que, unos se centran en la búsqueda del poder absoluto, otros en la regulación ética incluso en la infraestructura de computación o, en aplicaciones industriales específicas. 

Estas son las otras "potencias" o, actores claves que compiten en el tablero global, intentando adquirir músculo computacional

1.- Israel: Es líder mundial en inteligencia artificial en defensa y ciberseguridad, ocupando el tercer lugar internacional en aplicaciones comerciales de IA. Conocido como la Startup Nation, destaca por tener la mayor concentración per cápita de talento en IA (cerca del 2% de su fuerza laboral) y un ecosistema compuesto por más de 2.000 empresas emergentes activas.

2.- Europa, ha decidido liderar a través de la ética y la regulación. Con la implementación de la Ley de Inteligencia Artificial de la UE (EU AI Act) en 2026, busca crear un estándar global de "IA confiable".  Protección de derechos fundamentales y seguridad, aunque está por detrás en modelos de lenguaje masivos, destaca en infraestructura con sus "Fábricas de IA" (AI-Factories), instaladas en supercomputadoras.  La Unión Europea ha comprometido aproximadamente 110.000 millones de euros a través de la iniciativa InvestAI para reducir la brecha de inversión en inteligencia artificial con Estados Unidos.

3.- Reino Unido, se posiciona como el puente entre EE.UU. y el resto del mundo, enfocándose en la investigación de seguridad. Organizó la primera cumbre mundial sobre seguridad de la IA y alberga empresas punteras como DeepMind (ahora parte de Google) y centros de investigación de élite como el Turing Institute

4.- India, se ha convertido en el país de más rápido crecimiento en el ecosistema de IA, con la meta de democratizar la tecnología.  Lanzó la "IndiaAI Mission" para construir una de las mayores capacidades de cómputo del mundo (más de 18,600 GPUs) para salud, educación y gobernanza. En febrero de 2026, Nueva Delhi acogió la Cumbre de Impacto de la IA, donde 88 países firmaron un acuerdo histórico sobre ética y beneficios compartidos. 

5.- Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Arabia Saudita (AS): Estos países están utilizando su inmensa riqueza petrolera para comprar hardware de IA a una escala sin precedentes. EAU, es el país número uno en adopción de IA (el 64% de su población laboral usa herramientas de IA en 2026) y, ha creado modelos propios como Falcon. Mientras que Arabia Saudita: anunció un fondo masivo de hasta 100,000 millones de dólares para el proyecto "Transcendence" con el fin de convertirse en un centro global de datos. Bajo las directrices de la Saudí Data and AI Authority (SDAIA), Arabia Saudí aspira a colocarse entre las 15 principales potencias de IA del mundo y actuar como el tercer mayor exportador de datos del planeta, compitiendo directamente con potencias tecnológicas consolidadas y con su vecino regional, los Emiratos Árabes Unidos.

Como sea, la región del Medio Oriente se perfila como una de las más importantes para el futuro de esta nueva tecnología. Por ahora, existen numerosos desafíos por resolver y avanzar hacia esta nueva etapa. Entre ellos se cuenta la escasez de fuentes de agua para mantener las temperaturas bajas en los gigantescos centros de datos. Un elemento imprescindible para su sostenibilidad.

Otras pòtencias especializadas

6.- Canadá: Pionero en investigación académica fundamental (MILA en Montreal) y sede de empresas clave como, ”Cohere”.

7.- Corea del Sur y Japón: Se enfocan en la integración de la IA en la robótica avanzada y la fabricación de semiconductores críticos para que la IA funcione. 

8.- Singapur: Las políticas gubernamentales se centran en la infraestructura, la I+D y la creación de StartUps, lo que convierte a Singapur en un centro neurálgico de la IA en Asia y, líder del sudeste asiático.

En relación con América Latina, es la tercera región del mundo que más utiliza aplicaciones de IA generativa como ChatGPT, representando hasta el 20% de las descargas globales en 2025. Sin embargo, más de la mitad de los países aún no tienen una estrategia nacional formal. No compite por el dominio global de la IA como EE.UU. o China, pero se está posicionando como un "laboratorio global de aplicación" y un consumidor masivo y entusiasta de esta tecnología. 

En 2026, la región presenta un panorama dividido en tres velocidades según el Índice Latinoamericano de IA (ILIA) 2025: 

Los "Pioneros" (Líderes regionales) son:

Brasil: concentra el 90% de la capacidad de cómputo de alto rendimiento en la región y lidera en producción científica. Chile: destaca por su alta adopción de IA generativa y conectividad. Uruguay: es líder en infraestructura per cápita, especialmente en disponibilidad de GPUs.  Colombia, está priorizando el uso de IA en sectores sociales como la salud mental y la educación. México, se ha consolidado como un centro clave para el talento y empleo en IA, con un fuerte apoyo de gigantes como Google en ciberseguridad y nube. Costa Rica, da un paso importante para conocer dónde está y hacia dónde quiere avanzar en esta transformación digital. Y, Argentina, a pesar de retroceder en el ranking general, sigue siendo un nodo estratégico. En 2026 organizó el Argentina Digital Summit para posicionarse como hub regional de innovación

En resumen, mientras EE. UU. y China dominan el “músculo tecnológico y financiero”, países como India están ganando terreno en implementación masiva, la UE en leyes globales que protejan a los ciudadanos europeos, los países del Golfo en capacidad física de procesamiento y, América Latina, está aprovechando su alta capacidad emprendedora  y su mercado masivo de usuarios para convertirse en un centro de implementación de soluciones prácticas, aunque aún enfrenta la brecha de la falta de inversión pública masiva en comparación con las grandes potencias. 

Es mi opinión una opinión más. Continuará.

 

Cita: La IA, utiliza un poder seductor inteligente, que consigue que la sociedad se someta por sí misma al entramado de dominación dirigida a la esclavitud digital. (Byung-Chul).  

martes, 21 de julio de 2026

Art 360 - El pacto silencioso, una gran alianza entre los Estados y las Big Tech

 

360 agosto 2026 - La Gaceta del Taxi

 

El pacto silencioso, una gran alianza entre

los Estados y las Big Tech

 

Los gobiernos se enfrentan a estructuras económicas transnacionales capaces de condicionar decisiones políticas, situación que los deja atrapados entre la necesidad de fomentar la inteligencia artificial (IA) para la competitividad económica y el miedo a perder el control soberano frente a las grandes tecnológicas.

El riesgo es evidente: que la dependencia estratégica de la IA, con el paso de los años, terminé otorgando a estas corporaciones un poder estructural difícil de limitar incluso para los propios Estados, al existir la posibilidad de concentrar un poder sin precedentes en manos de actores capaces de controlar datos, algoritmos, infraestructuras y decisiones automatizadas.

En este escenario, el nuevo pacto entre los Estados y las plataformas tecnológicas, se asume como una especie de intercambio tácito, siendo los gobiernos de los Estados Unidos y de China, quienes están impulsando políticas nacionales con un objetivo muy definido, para promover y potenciar el desarrollo de la IA.  

En el caso de los EE.UU., la era Trump formalizó varios decretos u órdenes ejecutivas, con el objetivo en avanzar y adelantarse a China, potenciando todas aquellas empresas de origen estadounidense, tanto en semiconductores como en facilitar la exportación de los microchips y de los modelos de inteligencia artificial a naciones amigas de los Estados Unidos, por ejemplo, a naciones de la Unión Europea.

Según Alden Abbott, investigador principal en el Centro de la Universidad George Mason, tanto Estados Unidos como China, presentan enfoques contrapuestos. Los Estados Unidos, bajo su “fórmula secreta” con el plan de acción sobre IA, anunciado por la Casa Blanca,  pretenden lograr el poder global, adecuando un enfoque desregulador que impulse la innovación construyendo una infraestructura que pueda exportarse al extranjero, mientras que el plan del gobierno chino,  propone una organización global para la creación de consenso que busque un equilibrio entre el desarrollo de la IA y la seguridad, intentando regular la IA de forma interactiva y estricta (algoritmosdeepfakes) para asegurar que se alinee con los valores estatales y mantenga la seguridad nacional. Estas dos potencias, invierten extraordinarias cantidades económicas a sus megacorporaciones tecnológicas, porque temen más a que el rival domine la tecnología que, a los riesgos de la IA.

La carrera entre ambas potencias está impulsando el desarrollo sin regulación de herramientas revolucionarias como ChatGPT, que también amenazan con nuevos modelos de desinformación masiva.

Según Thomas L.Friedman columnista de opinión  del The New York Times, se entiende perfectamente las extraordinarias ventajas económicas, militares y de innovación que obtendría el país cuyas empresas alcancen primero la superinteligencia artificial. Y es por eso, que ni Estados Unidos ni China estarán dispuestos a imponer muchas restricciones, o ninguna, que puedan frenar sus industrias de IA y renunciar a las enormes ganancias de productividad, innovación y seguridad que se esperan de un despliegue más profundo.

En este nuevo escenario, el poder geopolítico ante el temor de la pérdida de soberanía informativa por la gran capacidad de las plataformas para reconfigurar el escenario político y social, parece asumir una especie de intercambio tácito: apoyo estratégico y margen de maniobra para las corporaciones digitales a cambio de obtener la supremacía tecnológica (computación, la nube, la ciberseguridad y la innovación militar). Entienden que, han tensionado los cimientos mismos de la soberanía política. Por consiguiente, los gobiernos ya no regulan en un terreno propio, sino en uno compartido con actores globales capaces de condicionar decisiones públicas, movilizar usuarios y reconfigurar mercados a su conveniencia.

Así, el poder deja de residir exclusivamente en las instituciones y se desplaza hacia plataformas que controlan datos, precios y flujos de movilidad. No es solo una cuestión de mercado, sino de quién define las reglas del juego. Y en ese escenario, la política ya no decide en solitario: negocia, cede o se adapta, evidenciando una pérdida progresiva de capacidad real para ordenar la economía en función del bien común.

Por tanto, esecambio de cromos” explicaría por qué muchas plataformas han podido expandirse tan rápidamente durante años consolidando su influencia económica y social, ampliando progresivamente su capacidad de intervención sobre actividades que antes estaban bajo mayor control público. Es decir, sobre sectores sensibles como pueden ser, en el área de la movilidad y el transporte, el comportamiento de la sociedad y su opinión, el trabajo, las decisiones automatizadas, la economía digital, los datos personales y el consumo, con regulaciones tardías, ambiguas o insuficientes.

Aunque, el verdadero riesgo no es únicamente tecnológico y económico sobre los mercados, sino esa pérdida de poder político, que dejen a los gobiernos atrapados en esa mezcla de, dependencia, presión económica y dificultad regulatoria generada por las megacorporaciones y, donde el desarrollo de la IA termine consolidando un nuevo modelo de poder absoluto sustentado en algoritmos, automatización y control masivo de la información. No, quiero decir, que las empresas tecnológicas quieran dar un “golpe de Estado” tradicional, sino más bien, es la construcción en paralelo, en la infraestructura sobre la cual los Estados funcionan.

Por consiguiente, el debate ya no gira únicamente en torno a la innovación o, a los beneficios económicos de la digitalización. La verdadera cuestión es determinar quién ejercerá el control efectivo sobre las infraestructuras, los datos y los algoritmos que definirán el funcionamiento de las sociedades del siglo XXI. Por eso, conciben que las alianzas con las megacorporaciones corporaciones, no es una carrera tan solo tecnológica, sino más bien, es una carrera espacial por obtener el poder mundial, porque de lo contrario, la inacción equivaldría a perder soberanía

En resumen, la IA ya no representa únicamente un avance tecnológico, representa la posibilidad de concentrar un poder sin precedentes en manos de actores capaces de controlar datos, algoritmos, infraestructuras y decisiones automatizadas. Nunca antes en la historia, unas corporaciones privadas habían acumulado tanta capacidad de influencia sobre la economía, la política y el comportamiento humano.

 

Por eso, la verdadera pregunta ya no es quién desarrollará la mejor inteligencia artificial, sino quién terminará gobernando a quién. ¿Serán los Estados quienes impongan las reglas a las plataformas, o serán las plataformas las que, gracias a su dominio tecnológico, condicionen cada vez más las decisiones de los propios Estados?

Posiblemente esa respuesta ya haya comenzado a escribirse.

Es mi opinión una opinión más. Continuará.

 

Cita: Mientras las megacorporaciones dictan las normas éticas de la IA, los Estados simplemente intentan copiarlas en sus leyes para facilitarlas el camino. Manu Sánchez Centésima tercera entrega (27 de julio del 2026) - (1079)

 


domingo, 28 de junio de 2026

Art 359 - Por qué los gobiernos impulsan la IA

 

359 julio 2026 - La Gaceta del Taxi

 

¿Por qué los gobiernos impulsan la IA si saben que las Big Tech acumulan demasiado poder?

El gran poder adquirido por las Big Tech, ha generado cierto temor en los diferentes gobiernos del mundo, sin embargo, las principales potencias (EE.UU y China) se posicionan con la IA, consolidando ciertos acuerdos. ¿Pero, por qué los gobiernos fortalecen a quienes más temen? ¿Cuál sería su sentido?

La Inteligencia Artificial (IA), se considera una "tecnología de propósito general" que impregna a todos los sectores económicos y en la propia sociedad, encontrándonos con su principal amenaza que radica en su capacidad de automatización masiva, donde los riesgos asociados son aún mayores: decisiones automatizadas sin principios éticos claros, pérdida progresiva de privacidad, ciberataques autónomos y una creciente dependencia tecnológica de sistemas que escapan al control de los gobiernos y de sus ciudadanos.

Las grandes megacorporaciones tecnológicas controlan los recursos computacionales, los centros de datos masivos y el hardware (chips) necesarios para entrenar la IA. Este control sobre la infraestructura les otorga la capacidad de moldear las narrativas globales, decidir qué información priorizar y establecer los estándares tecnológicos que rigen la sociedad. Lejos de ser neutral, es un instrumento estratégico que concentra el control económico, cultural y militar en manos de un puñado de gigantes tecnológicos que están redibujando el tablero geopolítico global. 

El poder de las megacorporaciones dueños de la IA, ha trascendido el ámbito corporativo para convertirse en una tecnología de doble uso. Mientras muchos de los países encontrándose en una encrucijada digital, debaten sus consecuencias sociales y laborales, cediendo espacio ante las reglas de juego establecidas por las megacorporaciones extranjeras. Sin embargo, tanto EE. UU. como China, aunque sea una paradoja, potencian la IA, argumentando que se debe a una competencia geopolítica, contemplándola desde una perspectiva estratégica y militar. Han entendido que es mejor negociar con las Big Tech para alinearse a esta poderosa arma. Empresas líderes en el sector, han forjado alianzas y multimillonarios contratos con potencias mundiales para el desarrollo de software, defensa nacional y tecnología militar autónoma.

La carrera por dominar la Inteligencia Artificial se considera ya un punto de inflexión, por eso, EE.UU piensan que es mejor ser un gobierno con menos poder frente a una App nacional que un gobierno derrotado por una potencia extranjera. Es decir, prefieren un gigante tecnológico local poderoso, al que pueden intentar regular o multar según a los acuerdos llegados, que depender de un gigante extranjero al que no pueden tocar, porque ha entendido algo que es clave, quien controle la IA más avanzada no solo dominará mercados, la economía, los datos o infraestructuras, sino también la capacidad de anticipación, vigilancia y decisión en conflictos futuros, controlará poder, la economía, la defensa y la seguridad militar del futuro y la capacidad global de influencia.

En todo este nuevo laberinto, parece ser que todo tiene que tener una lógica, ya sea racional o irracional que fuerzan a un nuevo Orden Internacional. Los EE.UU siempre está ojo avizor temiendo que China se adelante en la carrera de la inteligencia artificial. Esa preocupación es un hecho real desde el momento que DeepSeek, empresa china de IA, desplomase las acciones de las bigtechs americanas. Mientras que China advierte que el uso desmedido por parte de EE. UU. (ej. uso de armas autónomas en el ámbito militar), sería muy peligroso, porque podría derivar en un escenario fuera de control que cuestiona la estrategia tecnológica del gobierno americano.

Sin embargo, ambos países buscan integrar la IA en sus fuerzas armadas para ganar ventaja. Buscan la superioridad geopolítica y militar, insistiendo Pekín en mantener la supervisión humana directa sobre los sistemas armados y denuncia el riesgo para la soberanía global.

Si un gobierno frena a sus propias empresas por miedo a perder poder, y su rival (digamos, China frente a EE. UU., o viceversa) no lo hace, el país que puso freno se vuelve tecnológicamente dependiente, lo que es igual a pérdida de soberanía. Un ejemplo más cercano, si Europa no desarrolla su propia infraestructura de IA, acabará pagando "impuestos digitales" perpetuos a quien sí la tenga y aceptando sus reglas morales y políticas integradas en el software.

Ambas potencias compiten a través de sus empresas tecnológicas nacionales para influir en los estándares globales y establecer su liderazgo en aplicaciones que van desde consumo hasta herramientas industriales y militares.

Aunque estos gobiernos temen perder control ante las plataformas tecnológicas, ven a la IA como extensiones del Estado adquiriendo una herramienta de gestión y supervisión.  Tanto EE.UU como China, mantienen la idea que, la IA no es solo tecnología, sino más bien, una carrera espacial por la conquista de tecnologías claves, pues la potencia que tenga la ventaja sobre sus competidores, gozará de tiempo y aplicaciones que pudieran ser cruciales para tener mayor influencia sobre el concierto internacional. Saben que la inacción equivale a perder soberanía nacional, algo por lo que no están dispuestos a renunciar. Estas potencias creen que la IA como nuevo sistema operativo del Estado, les devolverá eficiencia, no solo que se la quitará: prometen mejorar la recaudación de impuestos, optimizar la red eléctrica o detectar fraudes entre otros asuntos más, generando un espejismo al creer que, si controlan la regulación de la IA, podrán "domar" a las plataformas. Es una apuesta arriesgada: intentan construir una jaula legal, como la Ley de IA de la UE, mientras alimentan a la bestia para que crezca.

Por tanto, la regla general de los países, no me resulta extraño que hayan optado por estrechar vínculos y ceder ciertas competencias en otros ámbitos y sectores económicos con las grandes plataformas tecnológicas. De hecho, muchos analistas consideran que existe una especie de “pacto implícito” entre los gobiernos y las corporaciones tecnológicas: los Estados necesitan el potencial estratégico de la Artificial Intelligence y las plataformas necesitan marcos regulatorios flexibles para expandirse por el mundo sin problemas.

Desde “mi opinión, una opinión más”, entiendo que sería un suicidio político a cámara lenta, aunque para los gobiernos sea una cuestión de "mal menor". No es que no vean el riesgo de perder poder ante las empresas tecnológicas (Big Tech); es que el riesgo de perder ante un país rival les da mucho más pánico. Y aquí se encuentra "el quid de la cuestión".  Además, por otro lado, me parece un contrasentido que los gobiernos de los EE.UU y de China, estén apoyando todo esto por una cuestión geopolítica, a sabiendas que podrían perder poder a favor de las Plataformas digitales. Temer ante el poder adquirido por estas megacorporaciones, se ha convertido en una obsesión psicopolítica, al pensar que la principal amenaza de la IA radica en su poder de automatización a gran escala, encontrando su explicación por una competencia geopolítica extrema. Y para no perder el poder geopolítico militar del siglo XXI sobre otras potencias, han preferido aliarse con las plataformas que ostentan el dominio y el poder de la Artificial Intelligence.  

La revolución tecnológica no está transformando únicamente la economía; está modificando el equilibrio histórico entre el poder político, el poder económico y la soberanía de los Estados

Por consiguiente, ¿Qué están obteniendo los gobiernos a cambio de dejar crecer a las plataformas? ¿Se podría dar el caso que, se llegue a un punto donde las empresas tecnológicas tengan más influencia real en la vida de la gente que los propios gobiernos? O, ¿quizás suponga adquirir plenamente un poder geopolítico internacional?

Posiblemente que sean preguntas que para muchos expertos piensen que esos puntos ya han llegado de forma silenciosa. Continuará.

Cita: La inteligencia artificial, se ha convertido en la herramienta de poder más determinante del siglo XXI. Manu Sánchez.  Centésima segunda entrega (27 de junio del 2026)  -  (1268)

domingo, 31 de mayo de 2026

Art 358 - El temor de los Gobiernos ante el poder de las Big Tech

 

Núm. 358 junio 2026 - La Gaceta del Taxi

 

358 - El temor de los Gobiernos ante el poder de las Big Tech

 

Durante años, gobiernos, políticos, juristas y actores económicos defendieron que la innovación tecnológica debía desarrollarse sin trabas. La tecnología era presentada como una fuerza inevitable y beneficiosa que llegaba para quedarse, siendo necesario no poner puertas al campo y permitiendo que dicha innovación evolucionara libremente, (eslogan que durante mucho tiempo se inyectó en la sociedad, como corriente única de opinión).

Dejaron que su irrupción creciera libremente sin ataduras en todos los campos, que hoy perciben con cierto temor. Se manifiesta no solo por la posible pérdida de soberanía informativa, sino ante la percepción de que estas infraestructuras privadas amenacen la soberanía nacional, la democracia, la seguridad ciudadana polarizando la sociedad y el orden político establecido entre otras muchas situaciones más.

El paso del tiempo ha revelado una realidad más compleja. Hoy muchos Estados observan con preocupación cómo las grandes corporaciones tecnológicas y la inteligencia artificial (IA) han acumulado una capacidad de influencia que trasciende el ámbito económico alcanzado dimensiones políticas, sociales y geopolíticas. Entienden que las megacorporaciones tecnológicas "Big Tech y la inteligencia artificial (IA)”, han adquirido demasiado poder, aumentando la batalla por liderar esta nueva era que intensifica a su vez, en una inquietud propia de los inversores que empiezan a preguntarse si el verdadero negocio ya no está en las plataformas digitales, sino en las fábricas capaces de producir los chips que alimentan toda la revolución de la inteligencia artificial, cuyo resultado de ello, posiblemente que sea uno de los mayores desafíos geopolíticos y sociales jamás visto.

Los Estados observan como las megacorporaciones tecnológicas (“Big Tech”), ya no controlan únicamente mercados, también gestionan infraestructuras estratégicas y esenciales, centros de datos masivos, sistema de computación en la nube, sistemas de comunicación, modelos fundacionales y algoritmos de decisión para el funcionamiento de las sociedades modernas que les otorgan una capacidad de influencia sin precedentes. El riesgo percibido Poder Político, es que estas empresas condicionen decisiones económicas, sociales e incluso políticas por encima de la capacidad reguladora de los propios Estados. Esta concentración de poder ha abierto un pulso cada vez más visible entre los Estados y las grandes tecnológicas, entre la regulación estatal y el control algorítmico de las grandes tecnológicas.

El uso masivo de algoritmos en las redes sociales para seleccionar contenidos, dirigir mensajes y segmentar audiencias ha abierto un intenso debate sobre su influencia en la opinión pública. La capacidad de estas plataformas para amplificar determinados discursos, favorecer la polarización o influir “supuestamente” en procesos electorales genera una creciente inquietud entre los gobiernos. Por ello, muchos consideran que los algoritmos pueden convertirse en auténticas herramientas de "polarización masiva", capaces de alterar el equilibrio político y social de los países.

Una realidad que en todas partes del mundo se repite los mismos reproches a los cibercolosos que dominan la economía mundial, ya se trate de las mencionadas compañías asiáticas, o de las estadounidenses o, de cualquier otro país. Se denuncia que, magnates tecnológicos operan sin límites claros anteponiéndose a los intereses generales, situación que genera una gran preocupación por cómo los algoritmos de las redes sociales y la Inteligencia Artificial que dependen de grandes volúmenes de datos, se convierten en un importante activo estratégico, pudiendo manipular el discurso público, sesgar información, desestabilizar sistemas democráticos. Por tanto, los gobiernos, se están empezando a centrar en cómo hacer frente a todo esto, intentando no ceder terreno ni competencias políticas que puedan desestabilizar un país.

Esta dependencia ha impulsado a numerosos países a desarrollar estrategias para reducir su vulnerabilidad, ya sea mediante nuevas regulaciones, el impulso de tecnologías propias o la búsqueda de alianzas estratégicas que refuercen su autonomía tecnológica y geopolítica. Existe también una preocupación por la estabilidad democrática. El uso de algoritmos para seleccionar contenidos, segmentar audiencias y amplificar mensajes, ha generado un intenso debate sobre su capacidad para influir en la opinión pública, favorecer la polarización y alterar procesos electorales. A ello se suma una creciente dependencia tecnológica que afecta a la economía, las comunicaciones y la seguridad nacional. Ahora está claro que esa posible falta de competencia política debería de poner fin al privilegio de poder que han adquirido las grandes corporaciones” comentó a la BBC Mundo - Charlotte Slaiman, directora de Política de Competencia en la organización estadounidense Public Knowledge (Conocimiento Público)”.

Paradójicamente, mientras aumenta esta preocupación, las grandes potencias de primera línea (EE.UU y China), han reforzando sus vínculos con las empresas que lideran el desarrollo de la inteligencia artificial. La razón es sencilla: la IA se ha convertido en un activo estratégico de primer orden. Quien domine esta tecnología dispondrá de ventajas decisivas en la economía, la defensa, la seguridad y la capacidad de influencia global.

Por ello, algunos analistas sostienen que existe una relación de dependencia mutua entre Estados y plataformas tecnológicas. Los gobiernos necesitan la capacidad innovadora de estas empresas para competir en la carrera tecnológica mundial, mientras que las corporaciones requieren entornos regulatorios favorables para expandirse sin ataduras. Este equilibrio explica, en parte, la rápida expansión de las plataformas digitales en sectores como la movilidad, el comercio, la comunicación o el consumo.

La inteligencia artificial ha dejado de ser únicamente una herramienta tecnológica para convertirse en una infraestructura de poder. El debate ya no gira exclusivamente en torno a la innovación o a los beneficios económicos de la digitalización. La cuestión fundamental es quién ejercerá el control efectivo sobre los datos, los algoritmos y las infraestructuras que determinarán el funcionamiento de las sociedades del siglo XXI. Porque quien controle la inteligencia artificial no solo controlará una tecnología: controlará una parte esencial del poder económico, político y estratégico del futuro.

Aprovecho para aclarar que mi posición nunca ha sido contraria a la innovación tecnológica. Sería absurdo negar los avances que la digitalización, las aplicaciones móviles, la geolocalización, los sistemas de pago electrónico o, más recientemente, la inteligencia artificial ha aportado a la sociedad y al propio sector del transporte. El taxi también ha incorporado tecnología, ha modernizado sus servicios y ha sabido adaptarse a muchas de las transformaciones digitales de las últimas décadas. Y eso que ha existido un supuesto juego sucio, porque mi discrepancia no radica en la tecnología en sí misma, sino en la forma en que determinadas plataformas disruptivas irrumpieron en actividades económicas fuertemente reguladas y sostenidas, en gran medida, por trabajadores autónomos. Mientras el sector del taxi estaba compuesto mayoritariamente por pequeños empresarios que asumían directamente los riesgos de su actividad, surgieron nuevos operadores respaldados por grandes fondos de inversión y abundante capital financiero capaces de soportar pérdidas durante años con el objetivo de conquistar cuota de mercado.

Por consiguiente, no cuestiono la innovación. No cuestiono la digitalización. No cuestiono la mejora tecnológica de los servicios. Cuestiono que estos actores compitan bajo unas reglas con alfombra roja. Cuestiono que actividades sustentadas por autónomos deban enfrentarse a operadores respaldados por grandes fondos de inversión capaces de asumir pérdidas prolongadas para conquistar mercados.

El debate, por tanto, no es tecnología frente a tradición. El verdadero debate es si la innovación debe desarrollarse respetando las mismas reglas para todos los actores o si, por el contrario, puede utilizarse como instrumento para alterar unilateralmente las condiciones de competencia en beneficio de quienes disponen de mayores recursos económicos y financieros. Este es el dilema, donde el Poder Judicial se tendrá que pronunciar.

Cita: Si el poder público, cede dejando de marcar las reglas, el algoritmo es quien gobierna sin rendir cuentas. Manu Sánchez. (1244)