martes, 28 de abril de 2026

Art 356 - Tecnología, Movilidad y Transporte 1

 

Núm. 356 mayo 2026 - La Gaceta del Taxi

 

 

TECNOLOGIA, MOVILIDAD Y TRANSPORTE 1

 

Tras una década de irrupción de las StartUps en el sistema de movilidad urbana ¿quién manda en la movilidad urbana:  gobiernos o plataformas digitales?

El transporte de siempre ha sido una necesidad en la sociedad y mayormente en el actual siglo XXI, convirtiéndose en un elemento esencial para que millones de ciudadanos puedan desplazarse y llegar a sus puestos de trabajo, cumplir con sus compromisos sociales, realizar sus compras o disfrutar de su ocio. Aunque esta imperiosa necesidad ocasiona muchos problemas estructurales en los espacios públicos urbanos: atascos y la ineficiencia en la movilidad, pasando por la contaminación. Serios inconvenientes pendientes de resolver por las administraciones públicas competentes que no han logrado resolver de forma satisfactoria por sí mismas.

La ambición inversora capitalista, conocedora de esta situación a nivel mundial, introduciría el nuevo sistema (versión: invasión extractora político-económico), consiguiendo su primer propósito con la irrupción ejercida a través de las StartUps durante sus primeros años de vida. En su segunda fase, aplicaron la disrupción sin miramiento alguno, transformando el pasaje del transporte urbano que pudieran concluir en un pleno dominio y oligopolización digital en el sistema de movilidad urbana, tensionando los cimientos de la soberanía política para poder controlar de lo que antes era (política pública, planificación urbana y regulación económica). Por tanto, se podría decir que, tras más de una década controlan el comportamiento de millones de usuarios, lo que les otorga una gran influencia sobre la vida cotidiana de las personas y la economía en general. Un sistema oligopolígarca y tecnocrático del poder absoluto, donde estas plataformas disruptivas, no son tan solo transporte, son datos, son algoritmos y sobre todo economía digital, utilizando una herramienta que ha transformado radicalmente la movilidad, donde el vehículo físico es solo la interfaz de un sistema mucho más profundo que se ha hecho asimismo imprescindible para estas plataformas creando una sociedad cada vez más hiperconectada.

Por ello, la movilidad urbana ha dejado de ser únicamente un servicio público para convertirse en el nuevo escenario de disputa entre el poder institucional y las grandes plataformas digitales. En este contexto, la pregunta ya no es cómo se regula el transporte, sino quién tiene realmente la capacidad de definir sus reglas. El transporte ya no es solo movilidad: es poder. Y ese poder está cambiando de manos. Lo que durante décadas fue un ámbito regulado por las instituciones públicas, ha sido ocupado en apenas unos años por plataformas disruptivas, que han impuesto sus reglas aprovechando vacíos legales y la pasividad — o connivencia — de los gobiernos y, de sus instituciones públicas.

En las últimas décadas, en paralelo al crecimiento y consolidación del poder económico y social de las grandes empresas tecnológicas, hemos asistido a un prodigioso plan de marketing global financiado por las mismas tendente a presentarse a los ojos de la ciudadanía, con un rostro amable y benéfico. La ofensiva se ha realizado en todos los frentes posibles: promociones culturales, patrocinios deportivos, subvenciones sociales..., incluso se ha coqueteado con causas ecologistas.

Así pues, sin duda alguna, con la llegada de la innovación tecnológica (creación de nuevas tecnologías y su ecosistema anexo de aplicaciones disruptivas - StartUps), en paralelo circulaba la llamada innovación estratégica, que tuvo un fuerte impacto en diversos sectores, esto convertiría al sector del taxi en el siguiente sector en sufrir el impacto de la irrupción y posterior disrupción.

Una innovación estratégica que, eludiendo inicialmente las normativas existentes, alteraba la forma de competir en el mercado y las reglas de juego mediante el rediseño o creación de nuevos modelos de negocio de movilidad para reorganizar la oferta y la demanda de los servicios de transporte urbano e interurbano. Por tanto, no hablo de innovación inocente, sino de una estrategia de entrada en mercados regulados basada en la velocidad, la escala y la explotación de zonas grises normativas.

La rápida expansión mundial de las plataformas disruptivas potenciadas por sus inversores, se irían haciendo un hueco en la movilidad urbana del transporte de personas, gracias a la evolución de las redes peer-to-peer (p2p) y, de todo aquello que llevaba el apelativo “colaborativo”. Inicialmente, estas empresas se presentaron ante la sociedad como plataformas tecnológicas bajo el discurso de la “economía colaborativa”, con el lema de responsabilidad social corporativa, también llamada responsabilidad social empresarial, que puede definirse como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas, generalmente con el objetivo de mejorar su situación competitiva y valorativa, y con ello, su valor añadido.

A esta visión ponderativa de la gran empresa cabe contraponerle el resultado de las investigaciones críticas de infinidad de científicos sociales, que han puesto de manifiesto las variadas prácticas delictivas o inmorales en que puede incurrir este tipo de empresa, “supuesta: concertación de precios, espionaje industrial, patentes abusivas, obsolescencia programada de los productos, falsedad contable, evasión fiscal, blanqueo de dinero, contaminación de los ecosistemas, esquilmación de los recursos naturales, quiebras fraudulentas, sobornos a políticos, promoción de golpes de Estado..., etcétera”.

El Premio Nobel de Economía del 2001 Joseph E. Stiglitz, es conocido por su visión crítica de la globalización, el fundamentalismo de libre mercado, su defensa de la justicia social y la igualdad, y analista de los mercados con información asimétrica, sostiene que conforme sube el poder de mercado de los mastodontes corporativos, aumenta también la capacidad para influir en un sistema político donde manda el dinero. En resumidas cuentas, construyeron su expansión sobre un hecho incontestable: operar al margen o en los límites de la legalidad vigente.

Por consiguiente, no eran simples intermediarias tecnológicas, sino operadores de transporte que externalizaban la logística, los costes, eludiendo responsabilidades y erosionando normas legales en la búsqueda de condiciones ventajosas frente a sectores regulados, como el colectivo del sector del taxi (estructura basada en trabajadores autónomos). La supuesta innovación estratégica llevada a cabo por las megacorporaciones (plataformas disruptivas), solapadamente ocultaron su verdadera intención, la clave se encontraba en conquistar el mercado de la movilidad urbana introduciendo nuevos formatos digitales, como por ejemplo:  el ridersharing y el  ride hailing,  antes de que el legislador reaccionara.

En la actualidad, estas StartUps siguen aislando el pronunciamiento del Abogado General comunitario, que con fecha 20 de diciembre de 2017 en el Asunto C-434/15, las calificó como actividades de transporte en el preciso momento que interactuasen en el sistema de movilidad. Sin embargo, el postulado de las plataformas, siguen defendiendo la vaguedad acerca de la actividad que vienen realizando donde los organismos competentes les observan con perfil ancho. Por lo tanto, es probable que estas empresas como guardianes de los mercados digitales, con el poder de ejercer como legisladores privados, tienen un apetito insaciable y una tendencia al monopolio en su propio ADN, aumentando sus esfuerzos para proteger sus intereses y privilegios, ya sea a través de lobby, litigios legales o incluso mediante el desarrollo de estrategias para eludir regulaciones. Y todo, porque conocen muy bien que, en las actuales circunstancias, son conscientes de que los gobiernos ante el temor del creciente poder político y económico que están adquiriendo estas megacorporaciones, tal y como el FMI advierte, es necesario regular su poder a través de legislaciones más austera. Plantar cara a las “Big Tech no es tarea fácil y más aún, en las actuales circunstancias con la Inteligencia artificial (IA). Continuará….

Cita: La cuestión ya no es cómo convivir con estas plataformas, sino quién decide realmente las reglas del sistema. Manu Sánchez. Centésima entrega 27 de abril de 2026 (1249)