Núm. 356 mayo
2026 - La Gaceta del Taxi
TECNOLOGIA,
MOVILIDAD Y TRANSPORTE 1
Tras una década de irrupción
de las StartUps en el sistema de movilidad urbana ¿quién manda en la
movilidad urbana: gobiernos o
plataformas digitales?
El transporte de siempre ha sido una
necesidad en la sociedad y mayormente en el actual siglo XXI, convirtiéndose en
un elemento esencial para que millones de ciudadanos puedan desplazarse y
llegar a sus puestos de trabajo, cumplir con sus compromisos sociales, realizar
sus compras o disfrutar de su ocio. Aunque esta imperiosa necesidad ocasiona
muchos problemas estructurales en los espacios públicos urbanos: atascos y la
ineficiencia en la movilidad, pasando por la contaminación. Serios
inconvenientes pendientes de resolver por las administraciones públicas
competentes que no han logrado resolver de forma satisfactoria por sí mismas.
La ambición inversora capitalista, conocedora de esta
situación a nivel mundial, introduciría el nuevo sistema (versión: invasión
extractora político-económico), consiguiendo su primer propósito con la irrupción
ejercida a través de las StartUps durante sus primeros años de vida. En
su segunda fase, aplicaron la disrupción sin miramiento alguno, transformando
el pasaje del transporte urbano que pudieran concluir en un pleno dominio y oligopolización
digital en el sistema de movilidad urbana, tensionando los cimientos de la
soberanía política para poder controlar de lo que antes era (política
pública, planificación urbana y regulación económica). Por tanto, se podría
decir que, tras más de una década controlan el comportamiento de millones de
usuarios, lo que les
otorga una gran influencia sobre la vida cotidiana de las personas y la
economía en general. Un sistema oligopolígarca y tecnocrático del poder absoluto, donde estas
plataformas disruptivas, no son tan solo transporte, son datos, son
algoritmos y sobre todo economía digital, utilizando una herramienta
que ha
transformado radicalmente la movilidad, donde el vehículo físico es solo la
interfaz de un sistema mucho más profundo que se ha hecho asimismo imprescindible para
estas plataformas creando una sociedad cada vez más hiperconectada.
Por ello, la movilidad
urbana ha dejado de ser únicamente un servicio público para convertirse
en el nuevo escenario de disputa entre el poder institucional y las grandes
plataformas digitales. En este contexto, la pregunta ya no es cómo se
regula el transporte, sino quién tiene realmente la capacidad de definir sus
reglas. El transporte ya no es solo movilidad: es poder. Y ese poder está
cambiando de manos. Lo que durante décadas fue un ámbito regulado por las
instituciones públicas, ha sido ocupado en apenas unos años por plataformas
disruptivas, que han impuesto sus reglas aprovechando vacíos legales
y la pasividad — o connivencia — de los gobiernos y, de sus instituciones
públicas.
En las últimas décadas, en
paralelo al crecimiento y consolidación del poder económico y social de las
grandes empresas tecnológicas, hemos asistido a un prodigioso plan de marketing
global financiado por las mismas tendente a presentarse a los ojos de la
ciudadanía, con un rostro amable y benéfico. La ofensiva se ha realizado en
todos los frentes posibles: promociones culturales, patrocinios deportivos,
subvenciones sociales..., incluso se ha coqueteado con causas ecologistas.
Así pues, sin
duda alguna, con la llegada de la innovación tecnológica (creación de
nuevas tecnologías y su ecosistema anexo de aplicaciones disruptivas -
StartUps), en paralelo circulaba la llamada innovación estratégica, que
tuvo un fuerte impacto en diversos sectores, esto convertiría al sector del taxi en el siguiente
sector en sufrir el impacto de la irrupción y posterior disrupción.
Una innovación
estratégica que, eludiendo inicialmente las normativas existentes, alteraba
la forma de competir en el mercado y las reglas de juego mediante el rediseño o creación de nuevos modelos de negocio de
movilidad para reorganizar la oferta y la demanda de los servicios de
transporte urbano e interurbano. Por tanto, no hablo de innovación inocente,
sino de
una estrategia de entrada en mercados regulados basada en la velocidad, la
escala y la explotación de zonas grises normativas.
La rápida
expansión mundial de las plataformas
disruptivas potenciadas por sus inversores, se irían haciendo un hueco en
la movilidad urbana del transporte de personas, gracias a la evolución de las redes peer-to-peer (p2p)
y, de todo aquello que llevaba el apelativo “colaborativo”. Inicialmente, estas empresas se
presentaron ante la sociedad como plataformas tecnológicas bajo el discurso de la “economía colaborativa”, con el lema
de responsabilidad social corporativa, también llamada responsabilidad
social empresarial, que puede definirse como la contribución activa y voluntaria al
mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas,
generalmente con el objetivo de mejorar su situación competitiva y valorativa,
y con ello, su valor añadido.
A esta visión ponderativa de la
gran empresa cabe contraponerle el resultado de las investigaciones críticas de
infinidad de científicos sociales, que han puesto de manifiesto las variadas
prácticas delictivas o inmorales en que puede incurrir este tipo de empresa,
“supuesta: concertación de precios, espionaje industrial, patentes abusivas,
obsolescencia programada de los productos, falsedad contable, evasión fiscal,
blanqueo de dinero, contaminación de los ecosistemas, esquilmación de los
recursos naturales, quiebras fraudulentas, sobornos a políticos, promoción de
golpes de Estado..., etcétera”.
El Premio Nobel de Economía del
2001 Joseph E. Stiglitz, es conocido por su visión crítica de la globalización, el
fundamentalismo de libre mercado, su defensa de la justicia social y la
igualdad, y analista de los mercados con información asimétrica, sostiene que conforme sube el poder de
mercado de los mastodontes corporativos, aumenta también la capacidad para
influir en un sistema político donde manda el dinero. En resumidas cuentas, construyeron
su expansión sobre un hecho
incontestable: operar al margen o en los límites de la legalidad vigente.
Por consiguiente, no eran simples intermediarias tecnológicas,
sino operadores de transporte que externalizaban la logística, los costes,
eludiendo responsabilidades y erosionando normas legales en la búsqueda de
condiciones ventajosas frente a sectores regulados, como el colectivo del
sector del taxi (estructura basada en trabajadores autónomos). La supuesta innovación
estratégica llevada a cabo por las megacorporaciones (plataformas
disruptivas), solapadamente ocultaron su verdadera intención, la clave
se encontraba en conquistar el mercado de la movilidad urbana introduciendo
nuevos formatos digitales, como por ejemplo:
el ridersharing y el ride hailing, antes de que el legislador
reaccionara.
En la
actualidad, estas StartUps siguen aislando el pronunciamiento del Abogado General
comunitario, que con fecha 20 de diciembre de 2017 en
el Asunto
C-434/15, las calificó como actividades de transporte en el preciso
momento que interactuasen en el sistema de movilidad. Sin embargo, el postulado
de las plataformas, siguen defendiendo la vaguedad acerca de la actividad que
vienen realizando donde los organismos competentes les observan con perfil
ancho. Por lo tanto, es probable que
estas empresas como
guardianes de los mercados digitales, con el poder de ejercer como legisladores
privados, tienen un apetito insaciable y
una tendencia al monopolio en su propio ADN, aumentando sus esfuerzos para
proteger sus intereses y privilegios, ya sea a través de lobby, litigios
legales o incluso mediante el desarrollo de estrategias para eludir
regulaciones. Y todo, porque conocen muy bien que, en las actuales
circunstancias, son conscientes de que los gobiernos ante el temor del
creciente poder político y económico que están adquiriendo estas
megacorporaciones, tal y como el FMI advierte, es necesario regular su
poder a través de legislaciones más austera. Plantar cara a las “Big Tech” no es tarea fácil y más aún, en las actuales circunstancias con la
Inteligencia artificial (IA). Continuará….
Cita: La
cuestión ya no es cómo convivir con estas plataformas, sino quién decide
realmente las reglas del sistema. Manu Sánchez. Centésima
entrega 27 de abril de 2026 (1249)
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