Núm. 353
febrero 2026 - Gaceta del Taxi
Las Apps disruptivas desafían las
normas del mercado
La tecnología digital aceleró de forma decisiva en apenas una década, conceptos como StartUps,
economía digital o innovación disruptiva, fueron normalizándose en el discurso económico y político, presentándose como el
motor del progreso y la modernización de los mercados. Bajo ese relato, las plataformas
tecnológicas han ido ocupando un lugar central, prometiendo eficiencia,
innovación y nuevas oportunidades. En este proceso, las StartUps
—empresas jóvenes con modelos de negocio innovadores-- respaldadas por capital
inversor, se convirtieron rápidamente en el epicentro de este nuevo paradigma,
surgiendo como agentes clave en todo este entramado.
A diferencia del formato tradicional en la creación de una empresa que
se centran en la sostenibilidad y rentabilidad a largo plazo, operando en mercados
existentes con un crecimiento más lineal y conservador, al contrario, las
StartUp son empresas que juegan con ventaja, buscan ideas revolucionarias que
cambien el mundo y para ello, planifican su objetivo, midiendo la velocidad
irruptora en el mercado al que quieren atacar, buscando a través de la
innovación estratégica un crecimiento
exponencial mediante la disrupción (modelo escalable y repetible),
financiándose con capital riesgo para escalar rápido.
Es decir, fueron las receptoras del
cambio; prometían transformar industrias
enteras mediante el uso intensivo de la tecnología, encajando metodologías ágiles
de innovación disruptiva. Sin embargo, la principal fuente en su aplicación
sería la búsqueda de financiación, sobre todo, para
introducir nuevos modelos de negocio con un elevado potencial de escalabilidad
global. Tras ese discurso, se escondía una profunda transformación disruptiva
que afectaría a las reglas del mercado, donde las StartUps no sólo introducirían innovación, sino que redefinirían
hacia un cambio en los derechos,
responsabilidades y equilibrios sociales. Las aplicaciones digitales
disruptivas han desafiado —y en muchos casos erosionado— los marcos
regulatorios existentes, especialmente en sectores tradicionales como el
transporte urbano (sector del taxi).
Conviene diferenciar entre aquellas StartUps que
apuestan por una innovación
incremental, mejorando productos o servicios ya existentes, y las
verdaderamente disruptivas, que introducen modelos de negocio
completamente nuevos sin regulación específica,
alterando las reglas del mercado. Podemos poner ejemplos, de ciertas StartUps,
que transformaron sectores altamente regulados. Sin irnos muy lejos, —el transporte o el alojamiento—, generando fuertes desequilibrios competitivos y
consolidando estructuras de carácter claramente oligopolístico, que son mercados de competencia imperfecta, lo que permite a
los participantes influir en los precios y maximizar beneficios a un medio y
largo plazo.
Una vez producida su irrupción, estas plataformas
lograron algo más profundo: convencieron al tejido empresarial tradicional que,
la adopción tecnológica no era opcional, sino imprescindible para sobrevivir.
La relación entre tecnología y emprendimiento pasó a ser un eje central del
nuevo modelo económico. No obstante, este proceso no estuvo exento de
controversia. Muchas de las grandes StartUps disruptivas de los
últimos quince años crecieron explotando vacíos legales, atajos normativos y
zonas grises regulatorias, lo que les permitió penetrar rápidamente en
mercados regulados como el hotelero, el financiero, o en el de la movilidad urbana que afecta al sector del taxi,
rompiendo los patrones tradicionales de movilidad y
prestación de servicios.
El propio término StartUp, (empresa emergente)
de origen anglosajón (Start y Up), hace referencia a la idea de “poner
en marcha”, o “arrancar hacia arriba”. Su rápida incorporación al
lenguaje cotidiano, refleja hasta qué punto la digitalización ha transformado
nuestra percepción de la economía, el trabajo y la creación de empresas. Estas
plataformas se autodefinen como tecnologías innovadoras de fácil penetración en
los mercados, capaces no solo de irrumpir en ellos, sino de desestabilizarlos
mediante procesos intensivos de digitalización y tecnificación.
La cultura de las StartUps, tal y como la
conocemos hoy, fue ganando impulso durante la burbuja puntocom de finales de
los años noventa. En esta época
surgió una nueva generación de emprendedores impulsada por un nuevo conjunto de
valores e ideales. En lugar de tratar de encajar en las estructuras
tradicionales de negocios existentes, estos emprendedores buscaban desafiarla. Abrazaron
el riesgo y la disrupción, buscando crear algo completamente nuevo. Tal
como lo explica el diario La
Razón
Esta lógica es desarrollada por Mike
Maples Jr. y Peter Ziebelman, de la
Universidad de Stanford, en su obra Pattern
Breakers, donde sostienen que los grandes
avances no provienen de mejorar lo existente, sino de romper los patrones
dominantes y sustituirlos por algo completamente nuevo. Según estos
autores, las StartUps más exitosas no solo desafían las normas del
mercado, sino que identifican momentos críticos que permiten modificar
radicalmente el comportamiento de los consumidores y la estructura de los
sectores.
En este punto resulta clave distinguir entre StartUp
que apuestan por la innovación tecnológica y de aquellas que apuestan
por la innovación estratégica. La primera se centra en la creación de
nuevas tecnologías para desarrollar productos, servicios, o procesos que no existían,
como ocurrió con el iPhone y su ecosistema de aplicaciones. La segunda, en
cambio, altera la forma de competir en el mercado mediante nuevos modelos de
negocio, redefiniendo quién puede ofrecer esos servicios y en qué condiciones, eludiendo
inicialmente las normativas legales existentes.
La capacidad de crecer y expandirse rápidamente de las StartUps
disruptivas (gigantes tecnológicos) en el mercado del transporte, es
gracias a los vacíos legales, apertura que les ha facilitado no encontrar
resistencia a las regulaciones, posibilitándoles operar inicialmente en muchas
ciudades sin cumplirlas, al no estar definido, por un lado, la falta de norma específica para
plataformas digitales y, de cómo se debía regular las aplicaciones que
irrumpían en el mercado de transporte y menos en el laboral (legislación
de trabajo), pues clasificaban a los conductores como contratistas
independientes, es decir, como freelance de forma encubierta, en lugar
de como empleado, así, estás evitaban pagar beneficios laborales, salarios
mínimos y otros costes asociados con la contratación directa. Entonces, esto
les ha permitido establecerse rápidamente antes de que los legisladores y
reguladores pudieran racional evidentemente todos estos vacíos legales que,
traducido en tiempo, les permitía escalar rápidamente y ganar una ventaja
competitiva frente a sectores tradicionales, antes de que muchas ciudades
implementasen regulaciones específicas para este tipo de servicios. Al final este modelo de negocio, no es otro, que la creación de monopolios de facto,
surgidos sin concesión administrativa ni acuerdos formales entre oferentes y,
tolerados por la inacción regulatoria. Un fenómeno que plantea serios ataques sobre la
sostenibilidad económica, social y democrática de los países y sus mercados
La disrupción tecnológica no es neutral ni inevitable;
es una elección política y económica. Haber permitido que las plataformas digitales crecieran al
margen de la regulación, amparadas en vacíos legales, o en su defecto, por
texto farragosos difíciles de interpretar, proyectando
sobre los políticos la fascinación por la innovación, ha generado mercados más
concentrados, relaciones laborales más precarias y una pérdida progresiva de
control público sobre servicios esenciales. El desafío ya no es tecnológico,
sino democrático: decidir si la digitalización debe servir al interés general o
consolidar nuevos oligopolios privados. Recuperar la soberanía regulatoria y
garantizar una competencia justa será clave para que la innovación no siga
avanzando a costa de derechos sociales y sostenibilidad del propio Estado de
bienestar. Continuará…
Cita: Que importante es saber escuchar. No para responder sino para entender.
(Farid Dieck) Nonagésima séptima entrega 30 de enero de 2026. (1163)
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