viernes, 30 de enero de 2026

Art 353 - Las Apps disruptivas desafían las normas de los mercados

 

Núm. 353 febrero 2026 - Gaceta del Taxi

  

Las Apps disruptivas desafían las normas del mercado

 

La tecnología digital aceleró de forma decisiva en apenas una década, conceptos como StartUps, economía digital o innovación disruptiva, fueron normalizándose en el discurso económico y político, presentándose como el motor del progreso y la modernización de los mercados. Bajo ese relato, las plataformas tecnológicas han ido ocupando un lugar central, prometiendo eficiencia, innovación y nuevas oportunidades. En este proceso, las StartUps —empresas jóvenes con modelos de negocio innovadores-- respaldadas por capital inversor, se convirtieron rápidamente en el epicentro de este nuevo paradigma, surgiendo como agentes clave en todo este entramado.

A diferencia del formato tradicional en la creación de una empresa que se centran en la sostenibilidad y rentabilidad a largo plazo, operando en mercados existentes con un crecimiento más lineal y conservador, al contrario, las StartUp son empresas que juegan con ventaja, buscan ideas revolucionarias que cambien el mundo y para ello, planifican su objetivo, midiendo la velocidad irruptora en el mercado al que quieren atacar, buscando a través de la innovación estratégica un crecimiento exponencial mediante la disrupción (modelo escalable y repetible), financiándose con capital riesgo para escalar rápido.

Es decir, fueron las receptoras del cambio; prometían transformar industrias enteras mediante el uso intensivo de la tecnología, encajando metodologías ágiles de innovación disruptiva. Sin embargo, la principal fuente en su aplicación sería la búsqueda de financiación, sobre todo, para introducir nuevos modelos de negocio con un elevado potencial de escalabilidad global. Tras ese discurso, se escondía una profunda transformación disruptiva que afectaría a las reglas del mercado, donde las StartUps no sólo introducirían innovación, sino que redefinirían hacia un cambio en los derechos, responsabilidades y equilibrios sociales. Las aplicaciones digitales disruptivas han desafiado —y en muchos casos erosionado— los marcos regulatorios existentes, especialmente en sectores tradicionales como el transporte urbano (sector del taxi).

Conviene diferenciar entre aquellas StartUps que apuestan por una innovación incremental, mejorando productos o servicios ya existentes, y las verdaderamente disruptivas, que introducen modelos de negocio completamente nuevos sin regulación específica, alterando las reglas del mercado. Podemos poner ejemplos, de ciertas StartUps, que transformaron sectores altamente regulados. Sin irnos muy lejos, —el transporte o el alojamiento—, generando fuertes desequilibrios competitivos y consolidando estructuras de carácter claramente oligopolístico, que son mercados de competencia imperfecta, lo que permite a los participantes influir en los precios y maximizar beneficios a un medio y largo plazo. 

Una vez producida su irrupción, estas plataformas lograron algo más profundo: convencieron al tejido empresarial tradicional que, la adopción tecnológica no era opcional, sino imprescindible para sobrevivir. La relación entre tecnología y emprendimiento pasó a ser un eje central del nuevo modelo económico. No obstante, este proceso no estuvo exento de controversia. Muchas de las grandes StartUps disruptivas de los últimos quince años crecieron explotando vacíos legales, atajos normativos y zonas grises regulatorias, lo que les permitió penetrar rápidamente en mercados regulados como el hotelero, el financiero, o en el de la movilidad urbana que afecta al sector del taxi, rompiendo los patrones tradicionales de movilidad y prestación de servicios.

El propio término StartUp, (empresa emergente) de origen anglosajón (Start y Up), hace referencia a la idea de “poner en marcha”, o “arrancar hacia arriba”. Su rápida incorporación al lenguaje cotidiano, refleja hasta qué punto la digitalización ha transformado nuestra percepción de la economía, el trabajo y la creación de empresas. Estas plataformas se autodefinen como tecnologías innovadoras de fácil penetración en los mercados, capaces no solo de irrumpir en ellos, sino de desestabilizarlos mediante procesos intensivos de digitalización y tecnificación.

La cultura de las StartUps, tal y como la conocemos hoy, fue ganando impulso durante la burbuja puntocom de finales de los años noventa. En esta época surgió una nueva generación de emprendedores impulsada por un nuevo conjunto de valores e ideales. En lugar de tratar de encajar en las estructuras tradicionales de negocios existentes, estos emprendedores buscaban desafiarla. Abrazaron el riesgo y la disrupción, buscando crear algo completamente nuevo. Tal como lo explica el diario La Razón

Esta lógica es desarrollada por Mike Maples Jr. y Peter Ziebelman, de la Universidad de Stanford, en su obra Pattern Breakers, donde sostienen que los grandes avances no provienen de mejorar lo existente, sino de romper los patrones dominantes y sustituirlos por algo completamente nuevo. Según estos autores, las StartUps más exitosas no solo desafían las normas del mercado, sino que identifican momentos críticos que permiten modificar radicalmente el comportamiento de los consumidores y la estructura de los sectores.

En este punto resulta clave distinguir entre StartUp que apuestan por la innovación tecnológica y de aquellas que apuestan por la innovación estratégica. La primera se centra en la creación de nuevas tecnologías para desarrollar productos, servicios, o procesos que no existían, como ocurrió con el iPhone y su ecosistema de aplicaciones. La segunda, en cambio, altera la forma de competir en el mercado mediante nuevos modelos de negocio, redefiniendo quién puede ofrecer esos servicios y en qué condiciones, eludiendo inicialmente las normativas legales existentes.

La capacidad de crecer y expandirse rápidamente de las StartUps disruptivas (gigantes tecnológicos) en el mercado del transporte, es gracias a los vacíos legales, apertura que les ha facilitado no encontrar resistencia a las regulaciones, posibilitándoles operar inicialmente en muchas ciudades sin cumplirlas, al no estar definido, por un lado, la falta de norma específica para plataformas digitales y, de cómo se debía regular las aplicaciones que irrumpían en el mercado de transporte y menos en el laboral (legislación de trabajo), pues clasificaban a los conductores como contratistas independientes, es decir, como freelance de forma encubierta, en lugar de como empleado, así, estás evitaban pagar beneficios laborales, salarios mínimos y otros costes asociados con la contratación directa. Entonces, esto les ha permitido establecerse rápidamente antes de que los legisladores y reguladores pudieran racional evidentemente todos estos vacíos legales que, traducido en tiempo, les permitía escalar rápidamente y ganar una ventaja competitiva frente a sectores tradicionales, antes de que muchas ciudades implementasen regulaciones específicas para este tipo de servicios. Al final este modelo de negocio, no es otro, que la creación de monopolios de facto, surgidos sin concesión administrativa ni acuerdos formales entre oferentes y, tolerados por la inacción regulatoria. Un fenómeno que plantea serios ataques sobre la sostenibilidad económica, social y democrática de los países y sus mercados

La disrupción tecnológica no es neutral ni inevitable; es una elección política y económica. Haber permitido que las plataformas digitales crecieran al margen de la regulación, amparadas en vacíos legales, o en su defecto, por texto farragosos difíciles de interpretar, proyectando sobre los políticos la fascinación por la innovación, ha generado mercados más concentrados, relaciones laborales más precarias y una pérdida progresiva de control público sobre servicios esenciales. El desafío ya no es tecnológico, sino democrático: decidir si la digitalización debe servir al interés general o consolidar nuevos oligopolios privados. Recuperar la soberanía regulatoria y garantizar una competencia justa será clave para que la innovación no siga avanzando a costa de derechos sociales y sostenibilidad del propio Estado de bienestar. Continuará…

 

Cita: Que importante es saber escuchar. No para responder sino para entender. (Farid Dieck) Nonagésima séptima entrega 30 de enero de 2026. (1163)

 

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