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miércoles, 17 de febrero de 2010

UN QUEBRADERO DE CABEZA

ESTIMADO SEÑOR JUEZ:

No culpo a nadie de mi suerte, en dos días más que viviera no sabría quién soy en este mar de lágrimas.

Verá señor Juez: Tuve la desgracia de casarme con una viuda.
De haberlo sabido, no me hubiera casado, porque ésta tenía una hija.

Mi padre, que era viudo, para mayor desgracia, se enamoró de la hija de mi mujer y se caso con ella, de manera que mi esposa, era suegra de mi padre, y al mismo tiempo él era mi yerno.

Al poco tiempo mi nueva madre trajo al mundo un varón, que era mi hermano, pero era nieto de mi mujer, de manera que yo era abuelo de mi hermano.

Al correr el tiempo mi mujer trajo al mundo un varón y como yo era hermano de mi madre, era cuñado de mi padre y tio de mi hijo; mi mujer era suegra de su propia hija, yo en cambio soy padre de mi padre, mi padre y su mujer son mis hijos y además soy mi propio abuelo.

Ya ve, señor Juez, que así ya no puedo seguir. Me despido de usted y de este mundo porque no sé ya quién soy yo.

atentamente:

El suicida Desconcertado.

escrito rescatado

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